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¿Por qué tenemos relaciones diplomáticas con un dictador?

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Si no se adoptan medidas urgentes ante lo que ocurre en Nicaragua, las protestas comenzarán a menguar, la dictadura se estabilizará y legitimará ante la comunidad de naciones.



Lo que sucede en Nicaragua constituye una desgarradora tragedia que afecta la vida de millones de seres humanos, asesinados, torturados, encarcelados o perseguidos por el dictador Ortega, ante la impotencia (o complicidad) de numerosos gobiernos y organismos internacionales, que no pueden (o no quieren) impedir que continúe esa espiral represiva.

Con ese propósito, el Consejo Permanente de la OEA designó siete diplomáticos experimentados para contribuir a la solución de una crisis iniciada hace 18 meses. Pero la misión no ha podido actuar porque el gobierno de Managua ha prohibido que los nominados ingresen a su territorio, lo cual, además de un desaire, constituye un desacato a un acuerdo del más alto nivel de la organización hemisférica.

A pesar de ese contratiempo, hace tres días la Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó un amplio informe dando cuenta de que en los últimos 17 meses 70 mil nicaragüenses han tenido que huir de su país, 52 mil de ellos a Costa Rica. En ese mismo lapso, 350 murieron por acción de la policía o de grupos paramilitares, y docenas de opositores fueron detenidos, ante la vergonzosa complicidad o el cobarde silencio de magistrados serviles.

Human Rights Watch( HRW) sostuvo, por ello, que “la población se encuentra aterrorizada por los secuestros, torturas y asesinatos a cargo de turbas dirigidas por Daniel Ortega”.

No le falta razón a HRW, si recordamos que la barbarie alcanzó extremos insospechados hace un año, cuando una pandilla de sicarios armados con fusiles de guerra asaltaron la parroquia de Santiago de Jinotepe, robando banquetas, documentos y medicinas, a la vez que lanzaron basura a los sacerdotes. Más adelante, esos sujetos –estructurados bajo el mismo esquema fascista de los “colectivos” de Maduro– ingresaron violentamente a la histórica basílica de San Sebastián, en el pueblo de Diriamba, agrediendo a los clérigos que impedían el arresto de feligreses, hechos delictivos calificados de “cobardes y repudiables” por la Arquidiócesis de Managua.

Las consecuencias de la represión también se manifiesta en la debacle económica de ese país centroamericano.
El año pasado, en efecto, las inversiones extranjeras se contrajeron 53.7% con relación a 2017 y la tendencia a la baja continúa el 2019.

El Banco Mundial, por su lado, señala que la economía nicaragüense retrocederá 5% este año, a lo que otros reportes agregan que la tasa de desempleo abierto alcanzará entre 7.5 y 8.5 %: lo que significa que 80 mil personas perderán el empleo, sumándose a las 200 mil que ya se encuentran en esa situación.

Nicaragua es un país pequeño, de 130 mil kilómetros cuadrados, con una población de 6 millones 500 mil habitantes, de la cual 1 millón 900 mil viven en situación de pobreza. Las cifras referidas explican por qué 70 mil personas se han desplazado al exterior. Lo han hecho, sin duda, en búsqueda de empleo, para mejorar sus condiciones de vida y para evadir las represiones.

Entonces nos preguntamos: ¿qué podemos hacer para promover un cambio político en la patria de Sandino?

Algunas propuestas para aislar al dictador y presionar su retiro del poder serían:

1.- Que el Perú y los países integrantes del Grupo de Lima, retiren sus embajadores y reduzcan las relaciones a nivel consular.

2.- Exhortar a los organismos financieros multilaterales a que condicionen las líneas crédito a la liberación de todos los detenidos, y a la convocatoria de elecciones debidamente supervisadas.

3.- Denunciar al presidente Ortega y a su camarilla ante la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad, como se hizo con Venezuela.

4.- Recomendar a la alta comisionada para los derechos humanos de Naciones Unidas, señora Michelle Bachelet, que desplace un equipo de investigadores a Nicaragua.

5.- Solicitar al Consejo de Derechos Humanos de la ONU el nombramiento de un grupo de trabajo.

6.- Aplicar la Carta Democrática y retirar a Nicaragua de la OEA.

Si, en suma, no se adoptan medidas urgentes, las protestas comenzarán a menguar, la dictadura se estabilizará y legitimará ante la comunidad de naciones, mientras los organismos internacionales habrán proyectado que no tienen capacidad para hacer frente a situaciones críticas.

Foto: Noticieros Televisa

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