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¡¿Por la puerta grande?!

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El tema para Keiko es que su legitimidad, más allá de las ánforas, siempre será vista en función de si liberó o no liberó a su padre.



Si ya es un problema político y social de envergadura (dado el importante antifujimorismo que polariza al país) que Alberto Fujimori salga por la puerta falsa de la cárcel, imagínese qué ocurriría si sale por la “puerta grande” y bajo el gobierno de su hija, como lo deseó la congresista reelecta Cecilia Chacón.

Es cierto que la parlamentaria hacía referencia a que la “puerta grande” era la vía judicial (de hecho este 20 de abril el Tribunal Constitucional verá el hábeas corpus presentado por Fujimori para que se anule el juicio por homicidio agravado que tiene la condena mayor), como lo ha venido sosteniendo reiteradamente Keiko Fujimori antes y durante la campaña. Pero en una elección presidencial eso no importa porque la interpretación de los dichos de Chacón o de cualquiera de sus correligionarios la ponen los rivales y enemigos del fujimorismo. Por lo tanto, poco importa a qué se haya referido realmente Chacón cuando dijo lo que dijo, sino cómo suena en la opinión pública y cómo explotan los rivales el tema.

De más está decir que suena mal y, por eso, los rivales lo explotarán al máximo.

De por sí sería ya bastante inoportuno para las expectativas presidenciales de la señora Fujimori que antes de la segunda vuelta del 5 de junio el TC fallara a favor de su padre. Y ello porque cualquier motivación de derecho quedaría aplastada por el solo hecho de que Alberto Fujimori quede en libertad con su hija de candidata presidencial. Así también sucedería si el fallo del TC lo libera siendo ella presidenta electa en esa eventualidad.

Es decir, la legitimidad de Keiko Fujimori quedaría seriamente afectada porque ella no puede empezar su mandato teniendo como hecho político principal la liberación del padre. Además de esto, cabe reflexionar cuánto hubiera durado la poca legitimidad que tiene el presidente Ollanta Humala si su hermano Antauro hubiese sido liberado bajo su mandato. Eso, por lo menos, nadie se lo puede reprochar hasta hoy a Ollanta Humala.

Tan controvertido es el tema de la liberación del padre que PPK ha dado hoy un paso atrás y se ha desdicho respecto a que de ser presidente firmaría una ley para que Fujimori se vaya a purgar su condena a su casa. Obviamente, su gobierno hubiera empezado mal.

El tema trágico para Keiko es que su legitimidad, más allá de las ánforas, siempre será vista en función de si liberó o no liberó a su padre. 

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