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Piura en Acción: solidaridad siempre más allá de la tragedia

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Que esa semilla germinada en Piura, en las circunstancias más adversas, encuentre tierras fértiles en otros lugares del país.



Recojo las palabras de Pablo de la Flor: “El desastre desnudó lo peor del Perú: la improvisación y la mala calidad de obras realizadas, en muchos casos, con corrupción de por medio”. Sin embargo, también sacó a luz lo mejor del país, las inmensas campañas de solidaridad y cadenas de ayuda en las que participaron miles de personas, horrorizados y conmovidos ante las imágenes de nuestros compatriotas afectados por la dureza devastadora de la naturaleza.

Lamentablemente, acabadas las lluvias y a pesar de las imágenes post desastre igualmente desgarradoras, la atención ciudadana se distrajo nuevamente, la gente regresó a sus vidas y a sus problemas y la ayuda se volvió muy eventual. Es común la solidaridad en tiempos de crisis pero aquella atemporal e inextinguible, aquella que es la base de valores humanos esenciales, es escurridiza y cuesta mucho más.

El Fenómeno El Niño es parte indesligable de nuestra historia y con el cambio climático será cada vez más frecuentes y de intensidad impredecible. En 1983 se presentó con una fuerza devastadora. Fueron afectados nueve departamentos del país. Los daños alcanzaron la suma de US$ 1000 millones de esa época y eramos un país mucho más pobre y descapitalizado, con menos recursos para enfrentar una tragedia de esta magnitud.

El gran esfuerzo de la reconstrucción lo lideró Juan de Madalengoitia, jefe del Instituto Nacional de Desarrollo (INADE), de la mano de la exprimera Dama Violeta Correa y con la ayuda incondicional y valiosísima de un grupo de mujeres piuranas que, llevadas por la compasión y el sentido de pertenencia, crearon una asociación denominada Piura en Acción, cuyo trabajo infatigable en beneficio de Piura no conoce desánimo ni frustración. Es el mejor ejemplo de solidaridad silenciosa, permanente e incondicional.

Piura en Acción lleva 34 años trabajando indesmayablemente por el bienestar de su región; hoy bajo la presidencia de Daniela Cuglievan Balarezo. Su única retribución es la satisfacción de haber dejado huella, haber construido un imborrable camino de solidaridad ad infinitum, sin límite.

Durante este reciente Niño Costero —en el que Piura fue nuevamente la región más golpeada— tuvieron una capacidad de convocatoria sin precedentes, fruto de su credibilidad y de los resultados obtenidos durante su destacada trayectoria. Lograron poner en movimiento una inmensa cadena de solidaridad, desbordada en voluntarios, tanto en el Perú como en el extranjero. Fueron capaces de recolectar 600 toneladas de ayuda en bienes materiales, básicamente ropa y alimentos, y de hacerla llegar a través de vía marítima y aérea con sorprendente celeridad. Igualmente, consiguieron recibir importantes donaciones en dinero que hoy, en coordinación con la Universidad de Piura, están utilizando para reconstruir viviendas y poner losas de cemento a 264 casas que están en condiciones de inhabitabilidad por haber quedado la superficie de tierra totalmente humedecida. ¡Su capacidad de ejecución es admirable!

En tiempos tranquilos, hacen cruzadas permanentes para ayudar a los niños y ancianos de las ciudades apartadas de la región, campañas escolares para dotar de materiales a los colegios más desatendidos y, en general, están en permanente alerta para colaborar, buscando siempre el bienestar de Piura. Constituyen un brazo importante (extraoficial) del Gobierno Regional de Piura y de otras asociaciones de voluntariado local para canalizar ayuda e implementar proyectos en beneficio de la comunidad. Cuando el Estado no puede solo, la participación de una sociedad civil, desprendida en tiempo y recursos, es imperativa.

Nuestro mayor reconocimiento y humilde homenaje a todos los piuranos del país, orgullosos y comprometidos con su región, liderando una solidaridad silenciosa e incondicional. Nuestro absoluto respeto por su trabajo incansable que debería ser replicado en todo el Perú. La solidaridad es fuente de desarrollo y de unidad; tenemos que lograr que esa semilla que germinó en Piura, en las circunstancias más adversas, encuentre tierras fértiles en otros lugares del país.

Ahora existe un ejemplo a seguir. Solo falta iniciativa y voluntad.

Imagen: UDEP

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