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Peluquero en su laberinto

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Vizcarra pide a los estilistas que vayan con sus equipos a una vivienda particular, mientras pagan alquiler de establecimientos vacíos.



El rol de cualquier gobierno medianamente racional en esta pandemia, sea el de los Estados Unidos de América, China o Alemania, es proteger a la población del COVID-19. Las diferencias entre uno y otro están en cómo lo consiguen pero, en general, han abastecido a la población de millones de mascarillas, alcohol en gel, emitido reglamentos sencillos y garantizado agua potable; o, como se hizo en Estados Unidos, Alemania o China, han habilitado con admirable rapidez los hospitales de campaña para miles de pacientes.

El presidente norteamericano Donald Trump, incluso, comisionó a la empresa General Motors para fabricar decenas de miles de ventiladores mecánicos, solucionando con eficiencia y rapidez esta carencia vital. Muchos pacientes ya no morirán en la ciudad de Nueva York ahogados y sin esperanzas a la espera de un milagro que, en realidad, tampoco es tan complicado de solucionar.

Pese a ello, nos sigue dando la impresión de que el gobierno peruano equivoca y desperdicia su importante rol en esta gran crisis sanitaria. Tras dos meses de cuarentena y miles de contagios, con mercados infectados, bonos nunca o mal entregados, y el hambre que obligó a huir del encierro a cientos de miles de provincianos, no hemos visto acciones concretas y valientes del gobierno o del ejército. Por ejemplo, la construcción de hospitales de campaña.

Señor presidente, nos siguen faltando cientos de camas UCI, personal, agua potable y hasta oxígeno; y da la impresión que el gobierno no hace mucho (o más bien hace muy poco) de lo que es su función y responsabilidad. Una explicación a esta negligencia sería que en Palacio no han entendido como plantear soluciones adecuadas a la epidemia. Cuando un problema es mal entendido, las dificultades obviamente crecen.

Así por ejemplo, escuché a la joven ministra Alva decir que su objetivo “es que los ciudadanos se queden en sus casas”. Al ministro de Defensa le oímos afirmar que el toque de queda debe seguir hasta fin de año. Caramba. Ese fue un objetivo para las dos primeras semanas de la pandemia, tal vez cuatro y punto. ¡Pero ya estamos en la décima semana y aun así quieren tenernos encerrados!

El daño colateral a la economía no puede ser un objetivo del gobierno. No educar a la juventud en las escuelas y colegios tampoco. Aumentar la anemia y la pobreza absoluta de millones de peruanos mucho menos. ¿Qué hay de la llamada violencia de género que esta creciendo?

El rol del mandatario no es dictar restricciones y reglamentos con poco sentido lógico o práctico a la población, para lavarse las manos como Pilatos mientras aguardan que el apocalipsis hospitalario de Loreto se traslade a Lima. De ninguna manera, ¡reaccionen de una buena vez!

La caída económica del PBI en el mes de abril fue desastrosa, en el orden de -16%, y al parecer este descalabro quedará corto comparado con el que viene en mayo (-30%). ¿Y el resto del año qué? ¿Solo promesas, pobreza y más encierro? Días atrás el presidente sorprendió lamentándose que sus anuncios sean confusos y, para enrevesar aún mas las cosas, dispuso que las peluquerías atenderían a domicilio, incentivando la informalidad y el comercio ambulante. Por más humildes que sean algunos locales, aunque muchos no lo son, allí disponen de equipos para el lavado del cabello, electricidad adecuada, espejos y luz suficiente, toallas, champúes, geles y equipos de secado junto a artículos de limpieza. Pero Vizcarra pide a los peluqueros que vayan con sus equipos a una vivienda particular, mientras pagan alquiler de establecimientos vacíos.

Son medidas sumamente extrañas, señor. ¿Sabe el presidente que no es lo mismo hacer una tortilla con huevos frescos que intentar hacer huevos partiendo de una tortilla? No cambie por cambiar el orden establecido de las cosas. ¿Qué pasaría si abusan, violan o golpean a una sola de las peluqueras visitantes en la privacidad de alguna casa particular? ¿La joven ministra Maria Antonieta Alva se arriesgaría a entrar a casas de extraños todos los días? ¿A quién van a culpar luego?

Sin embargo, al tiempo que este caos inaudito sucede en nuestro abatido Perú, en Alemania, Angela Dorothea Merkel ha querido explicar día tras día sus decisiones a la prensa contestando con claridad a todas las preguntas en conferencias abiertas. Además, no tiene para sí lujos y pompas, ni seguros médicos exclusivos; tampoco utiliza el departamento de 5000 metros cuadrados en el segundo piso de la cancillería alemana, menos aún dispone de una carta gastronómica pagada por el Estado, a un costo exhorbitante como el de 83 mil soles para Vizcarra. Todo lo contrario: Merkel decidió pasar la cuarentena en su propia vivienda, desde donde camina al supermercado para hacer sus compras de alimentos. No porque su país sea pobre, todo lo contrario, sino porque un verdadero líder debe dar ejemplo personal, en particular, cuando exigen a la población vivir en circunstancias tan difíciles.

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