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Opinión

Peligroso maltrato al presidente Humala

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¡Cuidado, Keiko, Alan y PPK!: si esa ira popular llega a desbordarse no va a conocer color político.



Una vez que la ira popular se desborda es probable que ya no distinga color político. La escena está ante los ojos de quien quiera verla. De nada han valido los intentos de algunos voceros oficialistas —de los pocos que quedan— jurando ante cámaras que no hubo incidente alguno. En una inauguración, al presidente de la república le han arrojado tierra en la cara al tiempo que le gritaban “corrupto” y lo han abucheado en su confuso e interminable intento por abandonar raudamente el lugar.

Ante la evidencia de las imágenes e insultos registrados, han querido minimizar el suceso argumentando que quienes arremetieron contra Humala eran partidarios del gobernador Waldo Ríos, molestos porque el presidente no había permitido la presencia del gobernador regional en el estrado.

Peor todavía. El mensaje está más que claro. El presidente no puede ni decidir quién sube o no al estrado o correrá el riesgo seguro de afrontar la ira popular en tiempo real y hasta las últimas consecuencias. Y Ollanta parece el último en haberse dado cuenta.

El negacionismo del oficialismo para admitir que las cosas van mal y que hay que enmendar rumbo no es, lamentablemente, el principal de los problemas. Mucho más peligroso es el grado de morbo que semejantes escenas despiertan en la ciudadanía. Una vez que la ira popular se desborda uno ingresa a una de esas situaciones que se sabe cuándo empieza pero rara vez se conoce dónde termina.

Semejante desarrollo es especialmente preocupante para la clase política porque una vez que la ira popular empiece a desbordarse ganará cámaras y, si cabe la expresión, se volverá viral… y entonces no va a distinguir color político.

Keiko, Alan y PPK deben ser los primeros interesados en evitar un desborde del reproche popular, en evitar ese grado general de descomposición que origine que ninguno de ellos pueda acudir a un mitin sin el riesgo altísimo de ser maltratado por la muchedumbre. A Toledo no se le cuenta porque él ya vive esa triste realidad.

Es muy temprano para saber en qué terminará todo esto. Pero, con seguridad, el encono va a continuar. Más todavía luego de la decisión del PJ de poner a Nadine por encima de la ley. Cuidado: el “¡fuera todos!” puede estar fermentando. Ese desenlace perjudica a cualquiera… menos a los que de verdad se tienen que ir el 28 de julio de 2016. ¿Estaría contemplado ese final en la “quinta agenda”?

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