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Pedro Pablo, el performer

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Atinada representación pública puede despejar conflictos para que operadores aterricen soluciones sostenibles.



Estudiosos de la sociedad virreinal han subrayado el poder de la representación pública como factor capaz de modificar una coyuntura trabada y también capaz de desatar la tormenta menos esperada. El gobernante debe ante todo ser un performer. Los demás están para aterrizar las soluciones.

Esta sociedad polarizada que somos, donde distintos poderes están obligados a ejercerlo en el marco del control político, guarda cierta semejanza con ese escenario. Es natural pensar que entre nosotros la representación pública pueda ser tan importante como lo fue para nuestros bisabuelos y más.

La gran insurrección del Cusco y la consecuente rebelión de Pumacahua y los Angulo se inició en la ceremonia de juramentación de la Constitución de Cádiz, Cusco 1813. Los representantes del gremio de abogados cusqueños, partidarios de la Constitución, fueron sentados en la ceremonia pública junto a los vendedores de dulces. Fue a partir de ese desaire que Borja y Arellano galvanizaron un movimiento que intervino con éxito en las elecciones y encendió luego la rebelión.

Pero la representación pública puede servir también para resanar heridas y prevenir conflictos. Un buen ejemplo es el reciente rifirrafe motivado por la distribución de la píldora del día siguiente. Una ruta de potencial conflicto que transitó de la incontenible risotada del presidente hasta la alusión del purpurado a las ministras respondonas… se alivió en misa por Santa Rosita.

Ha bastado que PPK acuda con la banda bien puesta y que el cardenal exprese lo suyo en el marco de la liturgia. Al acudir contrito a escuchar misa y salir contento con el sermón, el señor presidente ha liberado la agenda y la alejando de la retórica del conflicto. Gran performance.

Prado fue el último campeón de la representación. No estará demás incorporar ahora esta forma, casi virreinal pero eficaz, de disipar conflictos en un entorno tan polarizado como en los tiempos cuando el Virrey y la Audiencia debían ejercer entre ellos el control político.

Si ellos pudieron, por qué no habríamos nosotros de ser capaces de transitar por la polarización disipando conflictos. Y para esto último el talante novísimo de un PPK dicharachero puede ser muy útil. Siempre y cuando, como en una democracia sajona, el poder lo ejerza el premier Zavala, esta suerte de Kennedy gordito que es la esperanza de propios y extraños.

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