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Paz: Trump, Netanyahu y los Emiratos Árabes

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Lo que no logró Barack Obama en ocho años de presidencia, lo ha conseguido POTUS con maestría y trabajo secreto.



Donald Trump es, sin dudas, un presidente poderoso, rico y arrogante, alguien que sabe defender sus decisiones con característica valentía y terquedad. Pero cuando la pasada semana POTUS anunció que había logrado un sorpresivo Acuerdo de Paz entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, lo hizo con semblante sereno: sin ademanes, leyó un texto preparado de antemano por la Casa Blanca sin una gota de arrogancia.

Este acuerdo histórico de Israel con los Emiratos Árabes es el tercero entre países del Medio Oriente. El primero fue firmado en marzo de 1979 por el presidente Anwar Sadat de Egipto y el premier israelí Menahem Begin. El segundo, en 1994 entre Isaac Rabin y el carismático rey Hussein de Jordania. Acuerdos que duran hasta hoy, a pesar de que de sus cuatro firmantes dos han fallecido y dos han sido asesinados por extremistas musulmanes y judíos.

El reciente e inesperado pacto ha sido obtenido en circunstancias en que el mundo árabe y el Medio Oriente se encuentra más dividido que nunca. Golpeado primero por el sadismo de los ataques fanáticos del ISIS, que dinamitaban monumentos históricos y degollaban por miles a sectas cristianas –a las que denominaban “infieles”– y de las que se repartían a sus hijas y mujeres como botín de guerra, para formar interminables harenes de esclavas al servicio de sus enloquecidos soldados.

Ni qué hablar de las matanzas con armas químicas que habría perpetrado el presidente sirio Bashar al Assad contra su población, particularmente en la ciudad siria de Aleppo. Inmisericordes carnicerías además de los bombardeos del presidente Putin, los que dieron lugar al desbande de 5 millones de refugiados sirios hacia la Europa de Merkel y que, por ahora, se mantienen acordonados en las fronteras turcas (a cambio, por supuesto, de un pago generoso) para que no ingresen a la comunidad europea.

En términos geopolíticos el acuerdo es un golpe al fundamentalismo iraní, aliado de Rusia pero también asociado con las sudacas Venezuela chavista y la Argentina kirchnerista. Esta nueva alianza aleja a los Emiratos del núcleo iraní, en una situación en la que el petróleo ya no es un arma geopolítica como lo fue por casi cincuenta años. Muy por el contrario, hay petróleo y gas como cancha y barato en el mundo entero, gracias a las tecnologías fracking que han convertido a USA en el mayor productor del planeta con cerca de trece millones de barriles diarios.

Los grandes perdedores de este nuevo convenio son, como siempre, los palestinos. Una suerte de novia que no se pone de acuerdo en el vestido y la dote, y siempre llega tarde a su propia fiesta. Lo que no logró Barack Obama en ocho años de presidencia, lo ha conseguido Trump con maestría y trabajo secreto. Así las cosas, podría ser el gran beneficiado político en un periodo electoral norteamericano que se viene muy complicado y que, les puedo asegurar, tendrá una final de fotografía.

Imagen: El Universal México

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