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Odebrecht mintió: ¿y el acuerdo?

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El tiempo ha dado la razón a quienes criticábamos ese acuerdo lesivo con los brasileños. El Equipo Especial ha demostrado su incapacidad (por no decir algo más fuerte) y debe renunciar, o serle retirada la confianza de inmediato. Lo contrario sería una burla al país, tal cual han quedado al desnudo ya sea por tontos útiles o por cómplices. 



El equipo especial Lava Jato anunció con bombos y platillos un acuerdo de colaboración eficaz con la empresa Odebrecht en la que esta reconocía la comisión de delitos en determinadas obras públicas construidas en el Perú. Entre estas no se encontraba el Gasoducto Sur Peruano, una obra que fue el emblema del gobierno de Ollanta Humala. Este hecho motivó la crítica a tal acuerdo de colaboración eficaz que, además, reparaba civilmente al Estado peruano con montos irrisorios para los volúmenes de los daños causados.

Quienes criticaron en su momento el acuerdo fueron arrinconados por la prensa en contubernio con los jueces y fiscales que ven el caso Lava Jato, y motejados como “voceros de la mafia”. Su argumento a favor del acuerdo fue que este permitía conocer la “verdad” y “reparar” a la sociedad peruana –sacando a la luz la podredumbre de la clase política– y que el acuerdo no impedía que de surgir hechos nuevos sobre delitos, se renegociara sus términos con Odebrecht.

Finalmente, la semana pasada, la jueza encargada de verificar la legalidad del acuerdo lo homologó. No han pasado ni unos pocos días y el portal IDL ha sacado a la luz hechos que indican, entre otras cosas, que Odebrecht mintió descaradamente al Equipo Especial Lava Jato o que el Equipo Especial se dejó engatusar fácilmente por Odebrecht (por ponerlo elegantemente). La pesquisa del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (del cual es tributario IDL) ha comprobado que se cometieron delitos por millones de dólares en la adjudicación del Gasoducto Sur Peruano, del cual Odebrecht fue el único postor a través de coimas verificadas a funcionarios a los pocos días de que la empresa se hiciera con el proyecto. Esto, por supuesto, da la razón a quienes criticábamos el acuerdo por sentido común: si Odebrecht y sus socios del club de la construcción habían coimeado en otras importantes obras públicas, ¿cómo se explicaría el milagro de que no hubieran coimeado en esta megaobra si era su modus operandi en todos lados?

Para mí no hay duda alguna de que el acuerdo de colaboración eficaz con Odebrecht ha naufragado y no va más. Aquí se trata de una vulgar mentira de Odebrecht que los fiscales del Equipo Especial se tragaron a sabiendas o con candor (el fiscal Hamilton Castro afirma que por eso nunca cerró un acuerdo con Odebrecht). El mayoritario sector de la prensa que apoyó el acuerdo repitió hasta la saciedad –para justificar las drásticas prisiones preventivas en el Perú– que los colaboradores no podían mentir porque si no perderían los beneficios que ese mecanismo les otorgaba. Hoy, esos mismos dicen algo totalmente distinto en consonancia con sus intereses (pues en general son sus enemigos políticos los que están presos y se beneficiarían del naufragio del acuerdo). Ahora resulta –según los mismos “periodistas”– que se puede renegociar el acuerdo de colaboración eficaz con los mentirosos, pues lo revelado por IDL y el CIPI son, precisamente, esos “hechos nuevos” que se prevén en el acuerdo.

Pero aquí el único hecho nuevo es la mentira de Odebrecht que, amparado por un acuerdo de esa naturaleza, podría seguir mintiendo ad infinitum sin consecuencias, pues siempre se podría “renegociar” en sus términos el acuerdo madre. Eso es lo que ahora Odebrecht, pillado en su mentira, propone a través de Barata: contar más historias de a puchos para seguir operando con total impunidad con la ley del embudo y con la complicidad del Equipo Especial Lava Jato, y de su prensa adicta que ha demostrado quiénes son los verdaderos voceros de la corrupción.

El tiempo ha dado la razón a quienes criticábamos ese acuerdo lesivo con los brasileños. El Equipo Especial ha demostrado su incapacidad (por no decir algo más fuerte) y debe renunciar o serle retirada la confianza de inmediato. Lo contrario sería una burla al país, tal cual han quedado al desnudo ya sea por tontos útiles o por cómplices.

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