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Obsesión fatal

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A estas alturas, caben pocas dudas sobre motivaciones de embates de Vizcarra contra Chávarry. El presidente quiere sepultar las investigaciones pendientes en la Fiscalía, desde los casos que tiene de cuando era gobernador regional en Moquegua y su relación con las empresas del Club de la Construcción, hasta la investigación de Chinchero.



Lo primero que hizo el presidente Martín Vizcarra cuando llegó a Arequipa la tarde del miércoles 24 fue declarar contra el fiscal Pedro Chávarry y el Congreso. No habló del conflicto de Tía María –que era el motivo de su viaje–, de la importancia de la minería para el Perú, de la violencia desatada por los antimineros y los policías heridos. No. Atacó a Pedro Chávarry.

A estas alturas, caben pocas dudas sobre las motivaciones de estos embates contra el magistrado. El presidente quiere sepultar las investigaciones pendientes en la Fiscalía, desde los casos que tiene de cuando era gobernador regional en Moquegua y su relación con las empresas del Club de la Construcción, hasta la investigación de Chinchero cuando fue ministro de Transportes en el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, así como las obras que entregó en esa cartera. Por no mencionar el desempeño de sus protegidos en varios ministerios claves desde 2016.

Para enterrar las investigaciones necesita fiscales adictos como Pablo Sánchez y José Pérez, que diligentemente han archivado las pesquisas que involucran al presidente. Pero el fiscal Chávarry no ha entrado a ese juego.

Vizcarra se alió desde el principio con un grupo de oenegés, estudios de abogados, políticos, periodistas y medios de comunicación que también tienen el propósito de capturar el Ministerio Público para sus fines. Coinciden en el objetivo de liquidar a Chávarry, que es un obstáculo para sus planes.

Han avanzado mucho en el último año. Lograron sacar a Chávarry de la Fiscalía de la Nación aunque no han podido quitarle su condición de fiscal supremo. Pusieron a Zoraida Ávalos, una fiscal sin personalidad y con rabo de paja, ideal para ellos porque es completamente manipulable. Pero todavía no controlan la Junta de Fiscales Supremos donde Sánchez y Ávalos son solo dos votos de cinco.

Por eso su obsesión con Chávarry, contra quien han montado la campaña de demolición más feroz de la que se tiene memoria desde la época de Vladimiro Montesinos.

El fracaso de la reforma judicial que propuso una comisión de notables de la coalición vizcarrista, y que el gobierno impuso al Congreso, les dificulta hacerse de todo el sistema de justicia, como es su objetivo final.

En síntesis, sacar a Chávarry es su propósito inmediato más importante. Por eso la insistencia de Vizcarra. Y de paso golpea nuevamente al Congreso, al que planea asestarle un nuevo embate en estos días.

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