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O sea, ¿hasta ahora no entienden?

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Todo indica que la ministra Martens será censurada, pero su cambio no solucionará nada: porque este problema no es de coyuntura ni de gobierno.



Todavía recuerdo la tarde en la que regresábamos del colegio en un bus y de pronto fuimos atacados por una turba de escolares armados con piedras. Ocurrió en la avenida Primavera, frente al colegio Ricardo Palma.  Atiné a cerrar la ventana, mientras un compañero me jalaba con fuerza para sacarme de ahí. Los dos caímos al suelo y él me dijo “cúbrete la cabeza con tu mochila”. En ese instante un proyectil impactó violentamente en la ventana que había logrado cerrar. Felizmente no entró. La luna era gruesa. Todos nos protegíamos como podíamos; el chofer igual avanzaba.

Eran escolares azuzados por los maestros en huelga.

Han pasado muchos años de esa anécdota y en estos días asistimos a nuevos episodios de reclamos y violencia. Pero más allá de la violencia de lo narrado, hay que reconocer que ganan muy poco. Se sienten desplazados, no considerados. Y se trata de cientos de miles de profesores, quienes cuando negocian usualmente piden sumas que el presupuesto del país no puede cubrir.

Si el Perú creciera más, habría más dinero. Pero hoy en día ese no es el caso. Y por lo mismo se entra a un círculo vicioso: por ejemplo, ¿se hace el metro o se atiende sus demandas? ¿Se construye la refinería del norte o se suben los sueldos? Siempre es igual. No hay una planificación en el apoyo social a ese sector.

A esto hay que añadir otros problemas como, por ejemplo, el bajo rendimiento escolar registrado en las pruebas oficiales, los programas de TV basura, las dificultades en la educación rural, la falta de viviendas y de estímulos para los maestros, de apoyo para el dictado de clases, del mantenimiento de las escuelas. Y súmenle los desastres naturales…

El primer ministro es el principal responsable de esta situación. La ministra muy poco puede hacer si no le autorizan más fondos. La falta de coordinación entre ella y PPK  (los dos dijeron cosas distintas al mismo tiempo y sobre el mismo tema) es también responsabilidad de Zavala. La conversación de PPK en Palacio también lo es. Ambos puentearon a su ministra.

Más allá de eso, quizás sea necesario empezar a evaluar un pacto por la educación con la participación de diversos sectores políticos: un pacto escalonado que se pueda implementar de a pocos y que trascienda al gobierno de turno. Y así, lentamente subsanar las deficiencias del sector, incluyendo las formativas. Un maestro debería tener beneficios en iniciativas de casa propia, descuentos para espacios recreativos o para el transporte público cuando asiste a enseñar, etc. Pero a su vez, el maestro, como cualquier peruano, tiene que preocuparse por mostrar resultados, evaluados de una manera consensuada y realista.

Todo indica que a este paso la ministra será censurada. Su cambio, en el fondo, no solucionará nada. Porque este problema no es de coyuntura ni de este gobierno, sino de muchas décadas.  Y hay que abordarlo como tal.

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