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¡Nuestro ministro de Trabajo es simplemente genial!

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Podemos criticar a Christian Sánchez por su silenciosa gestión; jamás debido a su falta de creatividad y especial esfuerzo para tratar de generar empleo intentando redescubrir la pólvora por las vías equivocadas.



Podemos criticar al ministro de Trabajo por su silenciosa gestión, pero jamás por su falta de creatividad y especial esfuerzo para tratar de generar empleo intentando redescubrir la pólvora por las vías equivocadas.

Christian Sánchez ha tenido la genial idea de crear un centro integrado denominado “Formaliza Perú”, con el propósito de promover y facilitar el ingreso y permanencia en la formalidad mediante el acceso a los servicios de orientación, capacitación y asistencia técnica a materias vinculadas a la formalización laboral (bastante pomposo el objetivo) y, adicionalmente, para crear dos mesas de trabajo: una para promover la formalidad en la gastronomía peruana (como si tuviera jurisdicción en la gastronomía internacional) y otra destinada a los trabajadores artistas.

Todo lo anterior se trata, visiblemente, de un intento fallido. Son las típicas resoluciones que se publican en El Peruano con un perfil bajísimo y a las que muy pocos le prestan atención. Después nos preguntamos en qué se gasta el dinero público. ¡Pues en estos mamarrachos! ¡Son una costosa irresponsabilidad!

Algunas reflexiones:

Uno.- El problema de la informalidad afecta todas las profesiones del país; no es un tema de especialidad. Las causas las hemos repetido hasta el cansancio: altos costos laborales, poca flexibilidad contractual, excesiva regulación y paupérrimas productividad de la mayoría de empresas del país. La mayoría de empresas vive en su punto de equilibrio; se modifica una sola variable y entran en estado comatoso ante lo cual mueren con dignidad o se reconvierten bajo las leyes de la jungla. Algunas llegan al extremo de hacer reorganizaciones societarias cada cierto tiempo para dejar colgados a sus acreedores y, evidentemente, al Estado.

Una revista conocida tiene esa siniestra práctica, sin que nadie hasta ahora haya podido detenerla o cobrarle.

Dos.- Sabiendo exactamente cuáles son las causas del problema, no concibo que el Ministerio de Trabajo se vaya por la tangente con el agravante de estimar o pretender hacer creer que serán mecanismos exitosos para fomentar la generación de empleo y la formalización laboral. El ministro quiere meter gol, pero ha perdido toda visibilidad del arco. La informalidad no es un tema de sectores: afecta al 70% de la PEA y sigue creciendo.

Tres.- A los ojos de cualquiera con algo de sentido común y conocimientos, estas mesas de trabajo son un bluff. Sirven únicamente para poner un aspa en la agenda caviar y resistirse a mover un milímetro las complejas reglas de juego laborales que muy pocos cumplen. Imaginamos que al señor Sánchez, dada su trayectoria, le horrorizará pensar en el bully y satanización (por parte de sus propios amigos) al que estará sujeto en caso de que se le ocurriera hacer cualquier modificación a las leyes laborales que pudiera ser advertida como una concesión al modelo liberal y al empresariado del país.

Y también debe estar secuestrado por el temor a la calle, una gran debilidad de este Gobierno. Le toca resistir hasta morir o hasta que el desgaste en una cartera tan sensible, lo descalifique por default.

Cuatro.- El ideal de todo empresario es ser formal y que la productividad de sus trabajadores justifique un sueldo bastante mayor al mínimo: ¡así todos ganan! A nadie le gusta recibir las vistas persecutorias de Sunat, Sunafil y los miles de entidades creadas por el imaginativo Estado peruano para acosar al emprendedor, para castigarlo. Yo soy una convencida de que en nuestro país se castiga el éxito.

Uno de los mantras más repetidos es la necesidad de gastar ingentes cantidades de dinero en políticas sociales; sin embargo, lo que usualmente se oculta es que el principal indicador del aumento o caída de la pobreza es el empleo. Ante ello, me pregunto si el MIDIS y el Ministerio de Trabajo coordinan políticas conjuntas en busca de sinergias y de cumplir objetivos comunes… ¿o el protagonismo de sus cabezas no lo permite y cada uno va por libre?

La respuesta salta a la vista: nos gobierna uno de los gabinetes más desarticulados de los últimos tiempos.

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