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Nuestro compromiso con lo indispensable

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Este Gobierno ofreció reducir la desnutrición crónica del 30% al 13% al 2021. Ello solo será posible cuando tú, yo —y todos aquellos peruanos con capacidad para entender y valorar el problema— nos involucremos.



Qué difícil es involucrar a los ciudadanos en los grandes problemas nacionales cuando no les afecta directamente. ¿Somos un pueblo solidario?  Sí, pero tenemos tantas dificultades propias que no queremos cargarnos de una más y tomamos distancia. Quizás hacemos una pequeña contribución, calmamos nuestra conciencia y nos damos a la fuga. ¡Nos falta compromiso!

La anemia y la desnutrición crónica es una realidad desgarradora en el Perú, la gran “tara” nacional, pero pasa desapercibida porque es silenciosa a menos que alguien levante la voz de alarma con mucha potencia (porque no es fácil ser escuchado). Si partimos de la base de que el instrumento más valioso para que una sociedad se desarrolle es la educación y tenemos un alto porcentaje de niños anémicos entre los 0 y 36 meses (con cerebros con deficiencias en su formación y cuyo daño es irreversible), ¿a qué nuevas generaciones estamos apostando? ¿Qué capacidad de aprendizaje pueden tener con esas carencias endémicas y ancestrales? Es una tarea titánica, pero cuanto más la retrasemos será peor.

Con una niñez anémica, estamos cojos en el partidor. No podemos hablar de elevar nuestro PBI, de generar crecimiento y atraer inversión si en simultáneo no atendemos este grave problema. No menciono nuestra anhelada inclusión en la OCDE porque soy enemiga número uno de incorporarnos a ese club. Las nefastas experiencias de Chile y México hablan por sí solas.

La mayoría de niños anémicos viven en zonas alto andinas y en lugares de difícil acceso. Las cifras de Puno son desoladoras: un promedio de 70% en la población infantil. Nuestra accidentada geografía y la dispersión de la población en zonas rurales hace cualquier tarea más compleja. Imposible pensar que comunidades campesinas, con raíces muy arraigadas a su tierra, puedan aglutinarse en un lugar distinto y por ello el problema hay que enfrentarlo con todas las debilidades del entorno.

Los esfuerzos del Gobierno no se permiten descanso: un pequeño descuido y los nefastos índices vuelven a crecer. No solo se trata de asistencialismo y de distribución de alimentos en el marco de programas sociales, sino también de enseñar a optimizar los recursos de su hábitat, a modificar ciertas tradiciones y comportamientos y que logren sostenibilidad. Primero, sin embargo, hay que entender los alcances de este concepto y sus beneficios. Esa es la parte más complicada y retadora.

La prevención es mucho más barata que la reparación, pero es invisible, no da réditos políticos y por ello es tan difícil involucrar a los “políticos profesionales” en esta causa. Sin embargo, ¿cómo hacemos para que el Congreso priorice leyes a fin que sea mandatorio fortificar el arroz y otros alimentos de primera necesidad con hierro? ¿Cómo hacemos para que la lucha contra la anemia sea un tema de importancia nacional y no privativo del MIDIS, del Programa Mundial de Alimentación y de algunas ONG generosas? ¿Cómo hacemos para involucrar a estudiantes de educación secundaria y superior para que se organicen y colaboren con una campaña permanente de ayuda? No colectas de dinero exclusivamente, sino trabajo en campo. ¿Cómo hacemos para que toda persona con cierta capacidad adquisitiva “adopte” a un niño por lo menos hasta los cinco años? Una verdadera solución es transversal a todos los componentes de la sociedad, en especial, a aquellos que tienen capacidad de convocatoria y herramientas de difusión masiva.

Este Gobierno ofreció reducir la desnutrición crónica del 30% al 13% al 2021. Es una meta ambiciosa que no ha tenido mayores resultados hasta ahora. Pero no se trata de atacarlo o imputar responsabilidad al Ejecutivo: es un problema gravísimo que va más allá de una oferta electoral. No debemos dejar que se politice; lo importante son los resultados de carácter permanente y ello solo será posible cuando tú, yo —y todos aquellos peruanos con capacidad para entender y valorar el problema— nos involucremos.

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