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Nos vamos a morir de hambre

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Dejémonos de cojudeces: la clase media y los empresarios deberían empezar pitear, a hacer sentir su voz y entender que si no se trabaja se muere, y no por coronavirus.



Martín Vizcarra prorrogó el estado de emergencia, el toque de queda y la cuarentena nacional por 15 días más. Esa medida es un desastre para millones de peruanos que no están en el grupo de riesgo y que para todos los efectos constituyen la PEA del país. En simple: los que producen.

Dos semanas después de anunciada la primera cuarentena, podemos hacer una evaluación de las medidas y afirmar a ciencia cierta que la cuarentena ha servido para proteger a una minoría entre los que se encuentran los mayores de 70 años, los obesos, hipertensos y diabéticos. Esa es la población de riesgo mortal por la peste china o coronavirus. Como es un hecho que el virus es sumamente contagioso pero no afecta mortalmente a los más jóvenes entre los 18 y los 60 años que pueden tener síntomas leves o ninguno, que todos los peruanos en algún momento estemos contagiados es altamente probable.

¿Para qué, entonces, sirvió la cuarentena sino para paralizar el país y poner en serio riesgo la economía de millones de peruanos? Algunos dirán que antes que la economía está la salud, pero como bien ha acertado el magnate de las comunicaciones Ricardo Salinas: “No moriremos de coronavirus, pero sí vamos a morir de hambre”. Porque, en efecto, si nadie produce por un mes de dónde saldrá el dinero efectivo para comprar las cosas esenciales para vivir. ¿Del bono de 380 soles? ¿Los bancos seguirán girando créditos? ¿Hasta qué monto se sobregirarán las tarjetas? ¿Cómo se pagará la hipoteca o el alquiler?

La demagogia del presidente ante una prensa complaciente y estúpida es de antología. Dice Vizcarra que la determinación de prorrogar las medidas de arraigo obligatorio se toman en función del acatamiento de las mismas en los últimos 15 días. ¿Ah sí? Dos mil cuatrocientas veintisiete personas fueron detenidas por desacatar la cuarentena y el toque de queda. ¿A cuántas se les hizo la prueba para saber si tenían o no el coronavirus? ¿Alguien de la prensa le preguntó al presidente? La respuesta: a ninguno.

O sea que el presidente toma las medidas de arraigo no en función de las pruebas científicas para detectar el virus, sino en función de cuántos son los detenidos a los que no les toma ninguna prueba. Dejémonos de cojudeces. La clase media y los empresarios deberían empezar pitear, a hacer sentir su voz y entender que si no se trabaja se muere, y no por coronavirus.

Hasta el último miércoles los muertos por la peste fueron 9, por contactos con extranjeros, y 480 infectados. El Perú tiene 30 millones de peruanos y está paralizado.

Nuestra situación no es la misma que Europa, por cierto. Allá la tasa de ancianos es enorme y contraria a la de los jóvenes. Aquí es a la inversa. Son dos realidades totalmente distintas. Por eso es que en España e Italia hay muertos por doquier, porque toda su población es mayor. Aquí no.

No solo es la economía la que ampara mi crítica de sentido común. También es la máxima moral de que el bien de la mayoría debe prevalecer sobre el de la minoría. Si el presidente persiste en arruinar el país deberíamos ir pensando en la Constitución y la desobediencia civil.

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