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¿Nos animamos con las reformas institucionales?

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PPK mantiene todavía una alta popularidad: es el momento de implementarlas.



La débil institucionalidad del país y la percepción de que existe una corrupción generalizada son evidentes a tirios y troyanos. Esto solo va a cambiar si el Gobierno decide tomar al toro por las astas y se compromete a trabajar propuestas específicas para, al menos, tratar de implementar las reformas estructurales más importantes y fortalecer las instituciones claves del país.

Todos sabemos lo que hay que reformar —en muchos casos, hay propuestas específicas desde hace mucho tiempo—: lo que necesitamos es ponernos a trabajar. La gente del Gobierno menciona que el día a día los agobia y que no tienen tiempo para trabajar en reformas estructurales. Esto ha sido una constante desde la segunda mitad de la década del noventa; ya llevamos veinte años perdidos.

La gestión de PPK todavía mantiene una alta popularidad, por lo que es el momento de tratar de implementar estas reformas. Las facultades recibidas para legislar pueden servir para acelerar el crecimiento económico de corto plazo, pero no para modernizar nuestra economía ni para crecer en forma sostenida.

Creo que existe un camino que permitiría al gobierno acometer estas medidas sin morir en el intento. Hay que empezar por decidir cuáles se quiere implementar. En mi opinión, existen muchas que ya no solo son necesarias sino críticas para el futuro del país: las correspondientes al Poder Judicial, al Poder Electoral y a los partidos políticos, a la Policía, y a los sectores Salud y Educación. En un segundo orden, pero también de mucha importancia, se debe trabajar en la reforma laboral y la reforma previsional, cada una por separado.

Una vez acordado lo que se quiere hacer, el gobierno debería convocar para cada una de ellas a una comisión de expertos en la materia respectiva, a las que encargaría preparar una propuesta de reforma comprehensiva, de manera independiente. Esta estrategia le permitiría avanzar en cada una de ellas, sin necesidad de desgastarse en el proceso y sin tener que distraerse de sus obligaciones cotidianas. Profesionales competentes para desarrollarlas nos sobran; lo que requerimos es compromiso y ganas.

Una vez que cada comisión presente su propuesta, esta se puede consensuar y discutir internamente y luego presentarla a la opinión pública y al Congreso para su aprobación. De esta manera cada reforma seguiría su curso, independiente de las otras. El gobierno no tendría nada que perder y por el contrario mucho que ganar al seguir este camino, porque en el peor de los casos pondría sobre el tapete la necesidad de implementar reformas que son críticas para la institucionalidad y futuro del país, y lo que es muy importante: su compromiso para implementarlas.

En el escenario optimista, acabaríamos implementando las reformas institucionales que nos son esquivas desde hace un par de décadas. ¿No hace sentido al menos intentarlo?

Es muy probable que si el gobierno anuncia su interés en cambiar las reformas institucionales, y solicita el apoyo de la opinión pública y del Congreso, podrá al menos empezar el proceso. ¿Se animará el gobierno a implementarlas o seguiremos navegando en la mediocridad esperando buenos precios de los minerales y que los astros nos sonrían?

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