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Non sceleris poenas (el crimen no paga)

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A quienes lamentan el actual momento que vivimos, habría que decirles que es también la oportunidad de un nuevo comienzo.



Hace pocas horas el juez del Primer Juzgado de Investigación Preparatoria, Dr. Richard Concepción Carhuancho, dictó la detención preventiva por dieciocho meses de Ollanta Humala y Nadine Heredia.

La conocida “pareja presidencial” pasa sus horas más difíciles. Lejos quedaron las poses desafiantes y soberbias que ostentaron en el poder; ya no hay luces verdes que puedan validar las equivocadas decisiones que los llevaron a una situación impensable hace pocos años, cuando ilusionaron a la población como abanderados de una Gran Transformación que solo se dio para sus bolsillos.

Este es solo el inicio de un proceso penal que tiene para mucho más. Si bien la detención preliminar no es sinónimo de culpabilidad en los delitos que se les imputan si es un indicio de la responsabilidad de ambos; por ello considero correcto que sigan el proceso penal desde la prisión.

En lo que respecta a los argumentos esgrimidos por el juez para fundamentar su decisión, estos fueron otorgados por los propios procesados, por citar solo dos ejemplos: la compra de testigos en el caso Madre Mía demostró el tipo de las acciones que puede realizar Humala en libertad para obstaculizar una optima administración de justicia; y en el caso de Nadine la oportuna invitación a trabajar en la FAO sin seguir trámites regulares, así como falsear su firma en la pericia grafotécnica de las agendas y negar que estas fueran suyas son claramente acciones que demuestran no solo obstrucción de las investigaciones sino también su intención de salir del país para evitar afrontar el proceso.

A todo lo anterior hay que agregar el innegable desbalance patrimonial por dinero ilícito proveniente de Brasil y Venezuela; todo ello indicativo de ser autores de la comisión del delito de lavado de activos que se les imputa y que tendrá que ser corroborado dentro del juicio oral para que la sentencia sea inobjetable.

A quienes dicen que es un día triste para el Perú, solo decirles que más bien es la oportunidad de un nuevo comienzo: la tuvimos también en el 2000 y no la supimos valorar. Que los políticos o quienes juegan a serlo sepan que los delitos nunca quedan impunes, que el corruptor y el corrompido tarde o temprano siempre serán castigados, que el bien —aunque le cueste— siempre prevalecerá sobre el mal y que, tal como sostenían los filósofos griegos, “NON SCELERIS POENAS” (“El crimen no paga”).

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