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Nobel Dylan

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Lo que ayer era "incorrección política" hoy se ha convertido en todo lo contrario; no por Dylan, por supuesto, sino por obra de los mandarines del arte y la cultura que fungen de albaceas.



La Academia Sueca le ha otorgado al músico y compositor Bob Dylan el Premio Nobel de Literatura 2016. El suceso ha causado sorpresa general, aunque la celebración de un amplio sector del establishment cultural y académico que domina la corrección política muestra que el premio está “oleado y sacramentado”.

Es curioso, porque Dylan nació al mundo del arte poético y musical como un contestatario de todas las correcciones políticas de su época, inspirando a varias generaciones que hoy son sus tributarias y que, por lo tanto como no podía ser de otra manera, lo celebran. 

Sucede, sin embargo, que lo que ayer era “incorrección política” hoy se ha convertido en todo lo contrario; no por Dylan, por supuesto, sino por los mandarines del arte y la cultura que fungen de albaceas.

Siempre he considerado que la música es mucho más poderosa que la literatura en cuanto arte pues, al tener una conexión inmediata con los sentidos, no necesita del tedioso trabajo que implica la lectura y, sobre todo, de su comprensión para aquilatar sus bondades artísticas. Es más fácil que una canción saque lágrimas de emoción a que lo haga la línea excelsa de una novela. 

Así, si la canción y la letra tienen la misma calidad artística, serán pocos los que puedan criticar el Premio Nobel a Dylan. 

El literato Diego Trelles Paz afirma que “Si el próximo año gana, digamos, un político por el valor literario de sus discursos, no estaría nada sorprendido. Sí, pues, me siento moderno diciendo que no hay que limitar la literatura a los corsés del libro impreso o de la ficción.” 

Tiene razón… a pesar de que llega tarde por 63 años. Winston Churchill ganó en 1953 el mismo premio que Dylan por su obra, que no es otra que sus memorias y discursos políticos, sobre todo aquellos que inspiraron a la humanidad a derrotar la barbarie del nazismo y el fascismo sobre la faz de la Tierra.

“Durante estos últimos días de la crisis política tan agitados no se me aceleró el pulso en ningún momento. Me tomé las cosas con calma. Pero no puedo ocultarle al lector de esta crónica que, cuando me fui a la cama, a eso de las tres de noche, era consciente de una profunda sensación de alivio. Por fin disponía del poder para dar órdenes sobre la totalidad de la situación. Me dio la impresión de que caminaba con el destino y de que toda mi vida anterior no había sido más que una preparación para ese momento y desafío. Por lo tanto, aunque estaba impaciente con respecto a la mañana siguiente, dormí profundamente sin necesidad de sueños alentadores. Después de todo, los hechos son mejores que los sueños”. 

Nunca dejo de emocionarme cuando leo estas líneas en el contexto de la gran tragedia que vivió entonces el mundo, seguro que de igual forma muchos se emocionan cuando escuchan al Premio Nobel Bob Dylan. En buena hora y felicidades.

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