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¡No me grites! ¡Hombre, vete a la…!

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¿Acaso no debería existir la "igualdad de género" también en los intercambios verbales?



Cuando las papas quemaban entre Mauricio Mulder y Jorge del Castillo a raíz de que este último no apoyó la vacancia de PPK –que, según Mulder, toda la bancada había acordado apoyar–, se produjo el que fuera hasta el momento el choque verbal más sonado entre ambos pesos pesados de la política y miembros del partido aprista.

El intercambio fue electrizante:

MM: O sea no tienes palabra; dices una cosa y haces otra. 

JDC: ¡No me grites…!!! 

MM: ¡Me da la gana de gritarte, pues! 

JDC: No me jodas, entonces.

MM: ¡¡¡Me da la gana de gritarte porque eres un traidor!!!! 

JDC: ¡Fuera, CDTM! 

MM: Siempre lo has sido, ese es tu defecto. 

JDC: ¡¡¡Vete a la mierda, hombre!!! ¡Igual no se va (PPK)!

A ninguno de los dos parlamentarios del mismo partido se les ocurrió presentar una denuncia en la Comisión de Ética ni ante la opinión pública por maltrato o violencia verbal o algo que se le parezca. Tampoco nadie lo vio como algo insólito: en los Parlamentos que son el centro del debate político por excelencia suceden a menudo este tipo de peleas verbales subidas de tono entre los parlamentarios, y que se resuelven de acuerdo al reglamento (con el retiro de las palabras consideradas fuera de lugar). Lo cierto es que al final, Mulder y Del Castillo siguen en el mismo partido y hacen causa común frente a sus enemigos con un apretón de manos.

¿Por qué con las mujeres que reclaman igualdad en la política debería ser distinto? Es decir, si en una polémica o en una discusión política entre un hombre y una mujer los decibeles suben pero sin ninguna connotación sexista, ¿por qué habría de tomarse la brusquedad del intercambio como un maltrato del hombre hacia la mujer? Por el contrario,¿no debería ser esa una circunstancia de igualdad?

Cuando, por ejemplo, la congresista Patricia Donayre que todavía pertenecía a la bancada de Fuerza Popular (luego PpK y hoy Unidos por la República), molesta porque no se discutió su trabajo de reforma política como ella quería, salió gritando de la Comisión de Constitución que presidía Miki Torres espetándole que “no tenía pantalones”, ¿acaso Miki Torres la denunció ante la Comisión de Ética por violencia o agresión verbal, cuando la alusión de Donayre a su “falta de pantalones” sí tenía una clara alusión sexista?

Es decir, ¿en un debate político las mujeres sí pueden hacer alusiones sexistas contra los hombres pero estos no? ¿Dónde está aquí la “igualdad de género”? O, en realidad, aquellas que más reclaman esa igualdad son, a la luz de los hechos, más machistas que los hombres pues siguen invocando el principio de “a una mujer ni con el pétalo de una rosa”?

Por favor: estamos en el siglo XXI y cuando en el Parlamento un hombre le diga a una mujer “No me grites” y la mujer le responda “¡Hombre, vete a la…!” habremos llegado a la verdadera igualdad. Todo lo demás es pura palabrería.

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