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¡No hay hospitales pero tenemos Refinería!

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Nuestros largos 65 días de encierro se analizan ya en todo el mundo: el New York Times y el Banco Mundial afirman que la delicada situación del Perú se debe a la clara falta de inversión en infraestructura. Pero también está la falta de sensatez, y no solo del gobierno sino de la prensa nacional.



Es obvio que los peligros del COVID-19 aumentan cuando las autoridades mienten, o cuando faltan hospitales, atención médica inmediata y balones de oxígeno. En el Perú, se suma a ello la escasez de personal para atender a los ya 100 mil contagiados. Y necesitamos con urgencia más camas UCI con ventiladores mecánicos para salvar vidas.

Magra situación que se la debemos al derroche, falso triunfalismo, y principalmente a los individuos y gobiernos que malgastaron nuestro dinero en corrupción, fomentando prioridades equivocadas y obras ridículamente innecesarias. ¿Por qué al menos no invirtieron, una pequeñísima parte de ese dineral en la salud de los peruanos, en el abastecimiento de agua potable o construyendo centros de salud equipados y modernos?

Uno de los grandes responsables de nuestra deplorable situación sanitaria fue el gobierno de Ollanta Humala, que recibió un país sano, pujante y esperanzado pero nos retrasó con un despilfarro de 20 mil millones de dólares durante su periodo 2011-2016: la Refinería de Talara, el Gasoducto del Sur, armamentos comprados con “luz verde” y carísimos trenes subterráneos sin piloto, como si nos faltase mano de obra en el Perú. ¿De qué nos sirven ahora en esta pandemia esos gigantescos elefantes blancos?

Es difícil caminar derecho, verdad, pero cuando los borrachitos del poder –los de ayer y los de hoy– nos enganchan con Juegos Panamericanos o con aeropuertos majaderos, en vez de ir por obras sensatas y medianamente rentables, tarde o temprano todos los peruanos pagaremos la cuenta de su embriaguez.

Estamos hablando de miles de millones de dólares sepultados en los últimos tres años, con los que se pudieron hacer más de 80 hospitales y hasta 80 nuevos mercados, que aminoren la velocidad del contagio en la población y el número de fallecidos. Pero, claro, no se hizo ninguno.

Somos un país al que le cuesta poner pie en tierra. Inclusive para dictar normas claras que no atosiguen a la población y sean lo suficientemente inteligentes y flexibles para que alivien el contagio. Tengan compasión al menos por los niños. No se trata de traspasar las responsabilidades del gobierno al pueblo, a los buses de transporte y a los hospitales, para que cada quien consiga su propio oxígeno o su propio alcohol en gel. Se necesita honestidad y crear estándares sencillos de cumplir, atendibles, y compartir la responsabilidad en vez de imponerla.

Nuestros largos 65 días de encierro y pandemia se analizan ya en todo el mundo: el New York Times y el Banco Mundial afirman que la delicada situación del Perú se debe a la clara falta de inversión en infraestructura. Pero también está la falta de sensatez, y no solo del gobierno sino de la prensa nacional. que se esconde detrás del problema. Desde el extranjero nos están llamando la atención por el nivel desmedido de contagios, y los medios de prensa ignoran la gravedad. ¿O es que ellos ya están vacunados ?

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