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¡No hables de fraude!

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Más importante es el mal concepto que tiene la población sobre el JNE.



Francisco Távara, presidente del Jurado Nacional de Elecciones, no quiere que se hable de fraude electoral. No entiende que usar o no esta palabra es irrelevante, que más importante es el mal concepto que tiene la población sobre el ente llamado a conducir las elecciones en el país. Una institución máxima que viene incumpliendo su misión y que, con ello, arriesga el destino nacional.

Al JNE le corresponde salvaguardar la transparencia, la legalidad y la institucionalidad para que el gobernante que salga de las urnas sea elegido con la mayor legitimidad. Pero no lo está haciendo: la excepcionalidad y los privilegios aplicados al candidato Julio Guzmán por el Jurado Electoral Especial no tienen ni justificación ni precedentes. “Privilegiar” la participación para permitir que se incumpla la ley y aceptar a trámite la inscripción de un partido que no observó procedimientos ni plazos es una inconsistencia jurídica inadmisible que afecta a todo el proceso electoral.

El Estado de derecho es la base de la democracia y violentarlo vicia la contienda. La Ley está para cumplirla sin excepciones ni privilegios. Sin vigilias en las calles que impliquen presiones para que el JNE decida en uno u otro sentido. Y la indecisión se prolonga indefinidamente por magistrados que no se atreven a dejar fuera a un candidato y un partido que no observaron los plazos y los procedimientos que otros sí cumplieron.

Por cuerda separada camina el incentivo perverso de la publicidad gratuita, del martirologio buscado, de la victimización que gana simpatías y hace avanzar en porcentajes a alguien que hasta hace poco era un real desconocido —para nada notable ni política ni profesionalmente, sin reconocimiento ganado por méritos propios, menos aún por ideas o propuestas— que podría llegar a Palacio de Gobierno montado en artificios, privilegios y exigencias.

Si no es fraude es algo peor. Estamos ante una inercia suicida que afecta los reflejos de la ciudadanía. Cuando deberíamos estar discutiendo equipos de gobierno, propuestas y soluciones para los graves problemas que nos aquejan, aparecemos entrampados en una situación kafkiana con candidatos que no deberían seguir pero siguen.

Nos lamentamos de que el Perú está mal gobernado pero no vacilamos en consagrar la improvisación y la ilegalidad a futuro en medida tal que lesiona sin remedio el Estado de Derecho y la democracia. De mal en peor.

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