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Nivel callejón

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Los audios escuchados son cien veces más comprometedores que otros que sepultaron reputaciones y honras hace un tiempo.



Ya no impresiona el cinismo de Vizcarra, ni su descaro para ensuciarse en las formas democráticas. Así es como mueren las democracias, cuando mentirosos comprobados se hacen pasar por políticos decentes y llegan, por desgracia, a tomar el poder. Malhadada hora en que PPK lo eligió para conformar su plancha.

Y aunque, por ahora, la moción de vacancia no haya prosperado, lo revelado en los audios de la vergüenza sigue siendo eso: una inmundicia. Un presidente de la república complotando para engañar al mismo Estado que él representa. Un presidente que permite que una secretaria lo trate como si fuera su entenado o su compinche. Cualquier lío de callejón imaginable no llega a ese nivel.

Si el presidente nunca se reunió con Richard Swing no había razón para que se involucrara en ese tipo de diálogos. El presidente solo habla con sus ministros y sus asesores principales para temas puntuales, de importancia nacional. El solo hecho de haber participado en esa conversación ya sería prueba de una preocupación por esconder algo (hasta ahora no imaginamos qué, lo cual lo hace más inquietante). Un mandatario descendió a nivel comadre de barrio, ensuciando la envestidura presidencial.

Los audios son claros: se estaba tramando como mentirle a la justicia y al Congreso. El famoso ‘chat de la Botica’ queda como periódiquito de colegio primario frente a esta maquiavélica “coordinación” o “esfuerzo”, como le gusta repetir a Vizcarra.

Los audios escuchados son cien veces más comprometedores que otros que sepultaron reputaciones y honras hace un tiempo. No importa lo que diga Swing o las guaripoleras mermeleras, tampoco lo esgrimido por falsos constitucionalistas: moralmente el presidente no debería seguir en su puesto. Ha sido cogido con las manos en la masa. Cuando se cae en falta moral, la persona es removida inmediatamente; los juicios y sanciones legales vienen después. La falta moral no necesita investigarse; el Congreso, de acuerdo con su entender y sus facultades constitucionales, evalúa y aplica la sanción.

Sin embargo, la historia no acabó ahí sino que, ante nuestras narices, se complicó hasta adquirir la forma de un guión chavista, con el primer ministro rodeado de generales y otras estampas por el estilo –hoy en la mañana apareció con la primera dama y, nuevamente, flanqueado por militares– con clara intención de amedrentamiento.

Ya no hay diferencia con Maduro. Estamos avisados: si hay necesidad de usar la represión, no duden que lo hará. No quiere terminar en una suite de Piedras Gordas.

Claramente tenemos en palacio a un cínico miserable e inútil dictador; le importa más la popularidad y las encuestas que los miles de muertos por la pandemia.

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