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Municipales 2018: lecciones aprendidas

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Las elecciones son intrínsecamente de origen popular: lo queramos o no, aquí y en la China a la gente le gusta el show.



Los errores en campaña tienen su alto costo. Cuando se deja un vacío de poder en política, este es inmediatamente llenado por otro.

Hemos visto cómo un candidato se desplomó a raíz de su ausencia en un debate. Esto nos deja una primera lección: si se lidera la intención de voto y ello ocasiona que la crítica apabulle, lo mejor es evitar esconderse y más bien enfrentar los cuestionamientos haciendo uso de argumentos sólidos. Hay que contraatacar con la artillería disponible.

El pasado 23 de setiembre se dio el primer debate municipal. Hasta el 25, Jorge Muñoz contaba con un 3.5% de intención de voto. Sorprendió a todos con un repunte en las preferencias luego de tres o cuatro días con un 14.3%, para después crecer hasta 20.2% según simulacro realizado entre el 28 y 29 con una escasa muestra de 400 votantes. Eso nos deja una segunda lección: más allá de la trayectoria y preparación técnica del candidato, la inversión financiera en medios de comunicación y la capacidad de negociación con el establishment son ejes fundamentales si lo que se busca es ganar una campaña.

Un factor semiexterno –quizás el más difícil de manejar en las redes sociales– fue el fuerte rechazo en el imaginario limeño a los candidatos vinculados al fujimorismo. Como muchos sabemos, convivimos en un ambiente político polarizado por un tire de cuerda entre dos extremos: el fujimorismo y el antifujiaprismo. Quizás esa haya sido una de las herramientas más fuertes utilizadas por aquellos cuyo objetivo era sembrar alarma en la población sobre sus contrincantes. Creo que ahí también faltó un deslinde de mayor fuerza.

Quisiera analizar un escenario en particular: Miraflores. Según los datos publicados en la página web de la ONPE, de un total de 96 335 votos emitidos los blancos y nulos fueron 11 274: un alto porcentaje tratándose de un distrito con doce candidatos, de los cuales diez se consideran “caras nuevas” en el distrito. El significado del voto blanco y nulo suele ser “no me convencen los candidatos que lideran las encuestas”. Así mismo, el 27.7% de ausentismo en la participación de los miraflorinos en estas elecciones superó al resultado final del alcalde electo equivalente a 25.38%. Esto daría cuenta de una débil exposición mediática y poca habilidad en la captación de votos por parte de los nuevos participantes en este distrito electoral. Cierto es que se hace necesario medir algunos riesgos pero tampoco se puede ser temeroso.

Interesante fue el resultado de Rocío Cano, quien quedó tercera en esta contienda. El arrastre de Beingolea le fue totalmente favorable. Y denota que parte importante de aquellos que decidieron su voto por Beingolea luego del primer debate está formada por vecinos miraflorinos. Prueba de ello es el hecho de haber pasado de tener días de las elecciones menos de 3% a conseguir un 17.79%, casi empatando al candidato que quedó en 2do lugar.

Si así son las cosas, solo queda mostrar la cara y difundir las propuestas de gobierno. Las elecciones son intrínsecamente de origen popular: lo queramos o no, aquí y en la China a la gente le gusta el show.

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