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Mujeres al borde de un ataque de nervios

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Keiko declaró que un punto importante del diálogo fue la creación de la Procuraduría General de la República. Antes de que cantara el gallo, ministra Pérez Tello se palomeó a dos procuradoras al mejor estilo Figallo.



Tremendo. Vemos a una ministra de Justicia anunciando por los medios la renuncia de dos procuradores y luego las vemos a ellas, por separado, desmentir a la ministra pues no han presentado renuncia. En el mundo de las percepciones (el único que importa en la era de la posverdad), nuevamente tenemos a procuradores súbitamente despedidas y que anuncian que esa decisión se debe a que el gobierno que las nombró y las saca ha claudicado en la lucha contra la corrupción o, mejor dicho, que se arrodilla ante Odebrecht.

La percepción general es que la procuradora Ampuero paga el “delito” de haber acusado y haber interrogado al presidente Pedro Pablo. Incluso dicen que en dicho interrogatorio, cuando la procuradora le preguntó por sus vínculos con un asociado chileno, Pedro Pablo hizo una rabieta de aquellas.

Si entiendo bien, Julia Príncipe se va por estar de acuerdo con la procuradora Ampuero y en desacuerdo con la ministra, quien sostiene que Ampuero no aplicó la ley que hubiera permitido a Odebrecht vender el proyecto Olmos. La exprocuradora Ampuero argumenta que con ese recurso Odebrecht se libraba de responder en juicio. Soltando plata como siempre, claro.

La ministra contraataca señalando que al impedirse esa venta se romperá la cadena de pagos y miles de familias quedarán sin empleo. Realidad grave. Pero más allá de la pequeña letra de las normas lo que la ministra dice, en grueso, es que la corrupción da de comer y hay que pensar en la olla de las familias peruanas. Da que pensar. No hay respuesta fácil. Está por verse.

Lo que sí resulta penosamente certero es el convencimiento conque la todavía ministra de Justicia asegura que una vez que se vaya Odebrecht no habrá corrupción. Esa es la gran engañifa a la que se presta la poco eficiente encargada de extraditar a un pescadito libre llamado Alejandro Toledo. Si Odebrecht vende y se va, no hay juicio. Entonces todos los abogados, constructores y demás yerbas que bebieron las aguas corruptas que Odebrecht servía… quedan también libres de polvo y paja. A eso puede quedar reducida la lucha anticorrupción: a satanizar al ausente y canonizar a los lobos presentes.

El chupo está recién empezando a reventar. Y traerá más materia, estoy seguro. Pero para el registro histórico debe quedar establecido que por primera vez estamos ante un lío de mujeres solamente. Más canchita, por favor; esto prosigue.

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