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Muerte de los partidos políticos

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Perú Posible y Partido Nacionalista suman dos víctimas más en este horizonte corrupto. Pensar que antes a los líderes se les extrañaba.



Con ese perfil taurino que se le conoce, don Marcial Ayaipoma ha fungido de puntillero declarando la muerte legal y desaparición del que fuese partido Perú Posible. La manifiesta acusación de corrupción que recae sobre Toledo ha petardeado una campaña de recolección de firmas que se pensaba desarrollar. Se acabó el jabón, como decía una sabrosa rumba de los cincuentas.

Ya alguien se encargará de hacer un estudio institucional de Perú Posible desde su aparición en el umbral del milenio, su insurgencia del dos mil, las grandezas interoceánicas de su gobierno y las miserias del presente horizonte de corrupción. El rosario de pasiones que representa la historia de los partidos políticos en el Perú suma una nueva perla, una perla ingrata.

Murió once años después de haber dejado el poder, dirán los historiadores con razón. Eso nos lleva al comparativo y, la verdad, en el Nacionalismo no andamos mejor. El Partido Nacionalista no cumple aún un año de haber dejado el poder y en la práctica no existe. Ni siquiera tiene un puntillero calificado —como el doctor Ayaipoma en Perú Posible— que pueda hacerse cargo del último acto.

A la hora de la hora, Acción Popular es hoy un partido con solera solo comparable a un Apra, disminuido pero con vida. Y no hay más en vida partidaria, salvo Fuerza Popular y su inmensidad de congresistas. Las idas y vueltas de los hermanos Fujimori serán alentadas por toda la tribuna de acá en adelante, pero el liderazgo de Keiko es sólido. Parece mentira pero, en términos de historia partidaria, Fuerza Popular (con sus siete añitos) es todavía un pichón cuyo destino está por verse y gravita, de lejos, como la más importante fuerza política del país.

El APRA, FP y AP son partidos también porque hay mística. Pero todo tiene su límite. El Movimiento Democrático Pradista murió con Prado e igual se puede decir del la Unión Nacional Odriísta. Pero la lealtad puede ser conmovedora. Remato con un testimonio.

El 27 de octubre de 2002 el Estadio Nacional cumplía 50 años de haber sido remodelado por Odría. Nadie se acordó. A la entrada alguien había dejado una aparato floral que destacaba la fecha y una tarjeta plegable con las siglas de la Unión Nacional Odriísta. Dentro de la tarjeta estaba escrito con plumón: ¡Nunca te olvidaremos! Y varias lágrimas habían vuelto la expresión borrosa pero intensa, como el recuerdo de líderes que perviven en el aprecio de sus seguidores.

Aprendan, Toledo y Humala.

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