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¿Miopía continental?

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Venezuela está tomada por una banda de asesinos que, sin el menor escrúpulo, ha dado muestras de hasta dónde puede llegar. El mensaje ha sido claro: no le importa las sanciones, porque está decidida a matar para quedarse.



El Grupo de Lima ha decidido intensificar las presiones diplomáticas contra Maduro, descartando apoyar una intervención armada. En artículos anteriores decíamos que la actitud que tomase El Grupo de Lima iba a determinar cómo serían las relaciones en la región.

Lo sucedido en la frontera venezolana solo confirma que, en pleno siglo XXI estamos frente a un escenario distinto en el ámbito internacional: tenemos a un país hecho preso por una banda de asesinos que, sin el menor escrúpulo, ha dado muestras de hasta dónde puede llegar. El mensaje ha sido claro: no le importa las sanciones, porque está decidida a matar para quedarse.

Pero esta situación parece ser comprendida por la mayoría de diplomáticos, absortos en una estructura de relaciones en la que el diálogo ya no surte efecto. La dubitativa reacción a lo ocurrido hace sesenta años en Cuba podría entenderse, en parte, por el contexto de Guerra Fría de ese entonces, pero si Kennedy no hubiese retirado a útimo momento el soporte a los rescatistas cubanos otra sería la historia.

Cualquier persona normal  sabe que no se negocia con un asesino; mucho menos con un genocida, terrorista o violador. Una cosa es ser un demócrata; otra, pecar de inocente. Ya van cinco años de falsos diálogos. No basta solo reconocer a Guaidó (¿acaso ello ha ejercido algún efecto en Maduro?).

Y Delci Rodríguez ha declarado: “Solamente han visto un pedacito de lo que estamos dispuestos a hacer”.

Lo acordado por el Grupo de Lima es positivo; en definitiva debilitará más al usurpador. Sin embargo, ante la realidad me parece insuficiente. Mientras más repitan que no apoyan una intervención, Maduro se volverá más desafiante porque el único idioma que entiende es la fuerza. Es el momento de exhibir ya algo de músculo, empezando mínimo con una amenaza sutil del uso de la fuerza.

Al hacer eso también se está mandando un mensaje a la cúpula de La Habana, a Nicaragua, a Bolivia y a cualquier soñador revolucionario que este pululando por ahí: hasta los rusos y los chinos pararían las orejas.

Reitero mi sugerencia al Grupo de Lima: exigir a La Habana el retiro inmediato de sus agentes en Venezuela y remarcar con fuerza que ante el pedido legítimo del presidente Guaidó no tendrán reparos en autorizar y/o participar en cualquiera de las opciones disponibles. Si Maduro se queda, el próximo objetivo será Colombia o Perú.

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