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Opinión

Minería: tenemos que cambiar el chip

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Dar dinero es lo más fácil, pero la pobreza desgarradora de estas comunidades se alivia con inversión y capacitación.



Cada vez que tomo conocimiento de un conflicto minero pienso en la razón por la que se ha llegado a esta situación de desgaste inmenso, en por qué minimizan los pequeños problemas que en un abrir y cerrar de ojos se vuelven incontrolables. ¿Por qué no son conscientes de que la credibilidad es la mejor herramienta para generar confianza?

Mercedes Aráoz culpa al gobierno de Humala pero al final no interesa de quién sea la culpa, lo único importante es encontrar soluciones permanentes y permitir que las industrias extractivas sigan contribuyendo en casi dos puntos al PBI. Nos guste o no, así de dramática es la dependencia de nuestra economía.

En opinión de Abraham Chahuán, CEO de Antamina, el aporte voluntario era más eficiente: “[… ] Los fondos eran invertidos directamente en la región, lo cual trajo innumerables beneficios. [… ] Bajamos la desnutrición infantil en casi 12 puntos”. ¡Pequeña demostración de que es imperativo tomar acción rompiendo paradigmas!

Teóricamente, la empresa privada no debería reemplazar al Estado pero en este caso el fin justifica los medios. El canon debería ser invertido directamente por ella en la construcción y mantenimiento de hospitales, colegios e institutos de capacitación técnica. Si lo óptimo y menos costoso para la industria es contratar a gente de la zona, entonces que la tecnifique empezando desde el colegio. Si hasta ahora los empresarios mineros no se han dado cuenta de que la paz social es su activo más importante, es que tienen una ceguera incurable.

La rentabilidad de la industria minera reside en el PRECIO de los minerales y, durante época de vacas flacas, en la habilidad gerencial de reducir costos, ajustar proveedores y lograr la supervivencia. Para las comunidades, la minería siempre es rentable dentro de una ecuación muy lógica a simple vista: extraer mineral, venderlo y recibir dinero a cambio. Difícil de explicar las mil variables y factores exógenos que impactan la ecuación. Por ello, la peregrina idea de volver accionistas a las comunidades, como una suerte de compensación catalizadora de conflictos, hubiera sido un error gravísimo.

Explíqueles usted que bajaron los precios y que la empresa no distribuirá dividendos. Se hubiera tenido cierta clase de acciones doradas con garantía de rentabilidad. La pobreza desgarradora de estas comunidades se alivia con inversión y capacitación. Dar dinero es lo más fácil; resulta gratificación instantánea para quien lo recibe pero es el camino equivocado y los hechos lo han demostrado.

¿Qué haría usted si fuera legislador? ¿Aceptaría el reto de cambiar de chip?

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