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Minería: apostolado contra la corriente

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El Perú es el segundo exportador de cobre en el mundo después de Chile, pero está a una distancia sideral de valorar la actividad minera como lo hace el país del sur.



Difundir los beneficios de la minería es un permanente apostolado. No solo por la cantidad de enemigos que viven y se aprovechan del discurso antiextractivo, sino porque siendo la minería un símbolo de riqueza todos aquellos que no disfrutan directamente de sus beneficios (vale decir que no reciben dinero directamente en sus bolsillitos, con la excepción de ciertos GR y alcaldes corruptos que a pesar de que cobran hacen campaña en contra), mueren de envidia. Como bien decía Francisco de Quevedo: “La envidia es tan flaca y amarilla porque muerde y no engorda”. No son capaces de ver los beneficios en forma integral. Es un negativismo incomprensible pero rentable: sabemos que muchos congresistas y autoridades le deben el puesto.

Desde hace años se anuncian nuevas inversiones de millones de dólares; el problema es que se trata de ampliaciones (proyectos Brownfield) porque los absolutamente nuevos son escasos ya que no existen yacimientos recientes. Se sabe de las zonas altamente mineralizadas; sin embargo, enfrentar a un Estado ineficiente –que complica su Reglamento de Exploración al incorporar el “silencio administrativo negativo” en todos los casos– o presupuestar altas sumas de dinero –sin mayor predictibilidad– para lidiar con comunidades intransigentes, azuzadas por agitadores mercantilistas que dependen de ONG alimentadas por países desarrollados –que le cierran despiadadamente la puerta a los migrantes pero contribuyen a la desazón en tierras ajenas y lejanas– es un inmenso disuasivo.

¿El mejor ejemplo del doble discurso? Marco Arana. Denominado “héroe ambiental mundial” por la revista Time en setiembre de 2009, mató el proyecto Conga y le impuso una condena terrible al bienestar de Cajamarca. Pese a ello, jamás se le ha visto hacer campaña activa en Tarapoto o Madre de Dios contra las mafias de la minería ilegal.

El Perú es el segundo exportador de cobre en el mundo después de Chile, pero está a una distancia sideral de valorar la actividad minera como lo hace el país del sur. Sabemos que –en el mejor escenario– solo el 0.01% de los territorios prospectados llega a convertirse en mina. Naturalmente los inversionistas buscan localidades que promuevan la inversión, con baja conflictividad social y cuyos Estados comprendan la naturaleza del riesgo.

Por simple ignorancia, muchos politólogos en el Perú cuestionan la Recuperación Anticipada del Impuesto General a las Ventas. No alcanzan a comprender que es un mecanismo indispensable para promover la inversión minera. En pocas palabras, se trata de un régimen especial mediante el cual el Estado renuncia a la recaudación en el caso que no se produzca un hallazgo lo suficientemente importante. Esto con el fin de soportar la larga y costosa inversión que demanda el desarrollo de un proyecto. No es una exoneración tributaria: no debemos permitir que se desnaturalice o que se haga populismo a costa de ella.

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