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Memoria de una supuesta vacancia

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Y si vacancia de PPK se frustra, ganarán voraces antisistema gracias a la incapacidad (también moral) de un Congreso en el que todo se compra y todo se vende.



Ahora que vuelve a sonar el término vacancia, observo que algunos analistas consideran como un antecedente de vacancia presidencial la deposición de Guillermo Billinghurst en febrero de 1914. No hay tal. Es uno más de los malentendidos en el caso de Billinghurst.

Muchos todavía se estremecen cuando se les dice que Billinghurst ni siquiera estaba inscrito como candidato y había llegado a Palacio pasando por encima de las urnas y con el respaldo de la calle llena de reclamo. Coronó sin postular y con el respaldo de un Congreso en pánico. En lo que sí se parecen ambas coyunturas (la de PPK en 2018 y la Billinghurst en 1914) es en el durísimo enfrentamiento entre Ejecutivo y Legislativo.

Es cierto que algunos congresistas reunidos de manera informal en la casa de Arturo Osores acordaron declarar la vacancia de la presidencia de la república por incapacidad moral. Era parte de un plan que incluía un manifiesto llamando al pueblo a unirse en la defensa de la constitucionalidad y de la legalidad.

Y no sabían si hacerlo público antes o después de que Billinghurst cerrase el Congreso. Los días pasaron y hubo alguna delación. Entre los conspiradores se encontraban periodistas como Alberto Ulloa, director de La Prensa, el montonero Augusto Durand, los hermanos Prado Ugarteche. Su contacto militar era el jefe del Estado Mayor del Ejército, coronel Óscar R. Benavides. Poca cosa.

¿Qué pasó? Al saber que se les venía la represión, cedieron paso a los de uniforme quienes por su entera cuenta sacaron a Billinghurst de Palacio. Tras un rápido accionar, el exhombre fuerte de Piérola y ex alcalde de Lima pasó a ser ex presidente también. El Perú tenía un nuevo presidente llamado Óscar Benavides y el héroe de la jornada era un teniente piurano que había inutilizado una ametralladora sacrificando sin vacilar un dedo. Se llamaba Luis Miguel Sánchez Cerro.

Esa mentada vacancia quedó trunca y no tuvo eficacia alguna. Ya bastante hemos manoseado esa coyuntura de elección-deposición de Billinghurst con la que, a mi modesto entender, nace el siglo XX. Ya la historia nos dirá, en pocas semanas y en caso de no prosperar la vacancia de PPK, si en pleno siglo XXI la calle se llena nuevamente de reclamo al ver que los operadores formales no logran resolver la crisis.

Entonces no habrá un Benavides, no habrá un Sánchez Cerro pero si habrán voraces antisistema con la mesa puesta gracias a la incapacidad (también moral) de un Congreso en el que todo se compra y todo se vende.

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