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Martinillo: azotes y destierro

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Auge y caída del traductor tallán que llegó a ser caballero y señor de indios... y terminó sus días en Sevilla esperando a su amada.



Difícilmente encontraremos en el amplio repertorio de personajes que dejó la conquista una figura como la de Martinillo de Poechos, también llamado Martín Pizarro o referido como don Martín. Hablamos del sobrino del curaca Maizavilca, de un indio tallán que llegó a ser encomendero y que desposó a una dama española. Fue el traductor durante los meses de cautiverio y tenía afinidad con Atahualpa.

Francisco Pizarro anduvo siempre con Martinillo al lado. El ahijado Martín fue su traductor cuando entraron al Cusco imperial y al tallán le tocó su buena parte del botín, como a cualquier caballero. Y es que Martinillo vestía como español y paraba a caballo. En cuanta campaña se organizó Martinillo lucía y cobraba por sus servicios. Martinillo no solo les traducía a los indios; Martinillo los convencía y eso valía oro y plata.

Ya casado con Luisa de Medina, Martinillo tramitó un titulo de nobleza en España argumentando ser de ascendencia real. Se apoyó en una probanza, digna del jirón Azángaro y salpicada de falsedades que no prosperaron en la corte. Pero por sus servicios recibió una encomienda de indios en Huaura. Al momento de la fundación de Lima estaba en su esplendor. Figura como don Martín en el acta de Lima.

Muerto Francisco Pizarro, se abrió el camino de la rebelión de los encomenderos bajo el liderazgo de Gonzalo Pizarro, que no dudó en convocarlo a fin de asegurar la comunicación con la vital población quechua hablante. Martinillo tenía por entonces seis inmuebles y chacras.

Y sirvió a Gonzalo Pizarro hasta la derrota final, la de Jaquijahuana. Tras la rebelión vinieron las acusaciones. Martinillo intentó pasar desapercibido y casi lo logra. Incluso Gasca usó sus servicios de intérprete para un intercambio con Manco Inca. Martinillo se entrevistó con el Inca rebelde y volvió documentando una queja por usurpación de tierras.

Pero los enemigos de los Pizarro ya le habían echado el ojo. En ese Perú polarizado no había forma de evitar la inquina. De pronto Martinillo fue acusado de haber conspirado con Gonzalo Pizarro contra la corona. Y le aplicaron 300 azotes públicos más la deportación a Panamá.

Martinillo y su esposa Luisa de Medina hicieron planes para liquidar bienes y reunirse en Sevilla. Con ese consuelo se embarcó nuestro personaje tras ser azotado públicamente. El dinero alcanzaba para la reunión familiar. Pero el clima de Panamá era muy inhóspito. Martinillo desembarcó en Sevilla ya enfermo y falleció apenas unos días antes de la llegada de su esposa y de su hija, llamada Francisca en memoria del padrino.

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