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Martín, Maki y Mario

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Si cada quien deberá conseguir sus propias medicinas y balón de oxígeno, ¿para qué, entonces, fueron la cuarentena y el toque de queda? ¿No eran para prepararse?



Nos toca vivir una verdadera hecatombe. El presidente del Banco Central de Reserva ha descrito esta crisis como la más grande de los últimos cien años y, si bien es muy temprano para que la población lo perciba, para el Perú se trataría de una caída en el PBI del orden de -14%. Mientras tanto, el PBI mundial caerá un -2.3% durante el 2020.

Esa amplia diferencia entre nuestros caóticos resultados y el resto del mundo se debe precisamente al sello personal de desgobierno e incompetencia, que Martín Vizcarra y su premier socialista Zeballos han impuesto en el Perú con soldados en las calles. Se trataría de decisiones descaminadas que han magnificado los daños en lugar de reducirlos, y han tirado al tacho en un dos por tres cinco años de progreso económico continuo, que incluyen lo avanzado durante los gobiernos de Alan García y Ollanta Humala. El exceso de normativa a las clases empresariales ha desatado el descontrol de la informalidad en las calles, y propiciado una carnicería con la gente humilde, aumentando de golpe un 10% la pobreza extrema y la anemia infantil. Esos son los hechos.

En el ínterin de estos más de cien días, no hemos visto una mejora sustancial en el sistema de salud a cargo del ministro Zamora. En realidad, eso era lo primordial y la causa de tanto alboroto. Pero aun no vemos suficiente oxígeno en los hospitales, tampoco camas UCI, medicinas ni vocación para salvar vidas humanas. Nuestra realidad es otra, y hasta el llamado “ángel del oxígeno”, tuvo que invocar públicamente ayuda para su hermana, quien lamentablemente falleció.

Cada quien deberá salvar su propio pellejo como pueda. Cada quien deberá conseguir sus propias medicinas y balón de oxígeno. ¿Para qué entonces fueron la cuarentenas y el toque de queda? ¿No eran para prepararse? Solo con conferencias y monólogos no resolvemos nada. Es lamentable que aún no se repartan máscaras gratuitamente a la población. Las han pedido izquierdistas y derechistas, caviares y fujimoristas dado que son el elemento más sencillo, barato y eficiente para reducir el contagio.

¡Hagan algo de una buena vez, que la pandemia se va quedar al menos uno o dos años más en el mejor de los casos!

La crisis sanitaria ha desnudado muchas flaquezas como, por ejemplo, constatar que no éramos tan desarrollados ni contábamos siquiera con la mínima infraestructura sanitaria y de agua potable para millones de personas. A pesar de ello, aun existen muchos “notables” que se zurran en los 25 mil muertos por el COVID-19 e insisten, con desparpajo, que paguemos por el Gasoducto del Sur, en vez de proveer agua potable. Tal parece que la corrupción disfrazada de moralismo es inmune al coronavirus.

El toque y fuga del gobierno ha sido disfrazar la realidad como si se tratase de un éxito mundial y culpar de lo evidente a todos los demás, inclusive a cien años de “gobiernos anteriores”, pero en particular al peruano de a pie. ¿O sea que los protocolos que ellos dictan y la falta de claridad de las medidas, o sus marchas y contramarchas, y sus déspotas divisiones de la sociedad entre varones y mujeres –que propuso un célebre ignorante– sirvieron de algo? Ya pues, no jodan tanto.

En este mismo contexto vimos como Maki Miró Quesada dio el pitazo inicial a la cacería y hostigamiento de peruanos humildes. Describió a su empleada doméstica como una “hija de p…” con sueldo de embajadora, ¡porque según esta dama de tan alta suciedad decidió dejarla en la pandemia para atender a su familia, en lugar de ocuparse del pichi-caca de sus tres perros! Tal traspaso de responsabilidades es lamentable y se ha hecho habitual, primo hermano del amañado discurso que tuvieron sobre la corrupción de Odebrecht.

De las responsabilidades de esta crisis no se salva ni el más famoso de los peruanos, el escritor Mario Vargas Llosa, quien desde España avaló el golpe tildándolo de “estrictamente constitucional” y llamó a los congresistas disueltos semianalfabetos, dando pie al actual régimen autoritario que ha recortado las libertades personales. A sus 84 años, el escritor alabó el manejo de Vizcarra diciendo que actuaba de manera enérgica aunque ahora –seguramente abochornado– pide que no lo critiquemos. Tantas veces Mario.

A más de cien días de cuarentena hay trampeo hasta en el conteo y las colas por COVID-19 en los hospitales no dan respiro. Son cuadras con enfermos recostados en las frías veredas de concreto, siendo todo esto evidente a los transeúntes que súbitamente se sienten engañados entre el discurso televisivo del éxito y lo que registran sus propios ojos.

Foto: BBC

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