Connect with us

Opinión

Los primeros dueños del Perú

Publicado

el

Los encomenderos dominaban la vida, bienes y destino de un número determinado de curacas y familias sujetas a dichos curacas.



Se ha dicho, y con razón, que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Puedo afirmar que la continuación natural de la empresa de conquista fue la encomienda de indios.

Para empezar, la llamada conquista o invasión era ante todo una empresa económica de carácter privado. La corona no había invertido un real en semejante emprendimiento. Quienes lo lograron recibieron el derecho al 80% del botín encontrado, y los de primera hora y mayor rango fueron reconocidos como encomenderos. En la práctica se les encomendó la vida, bienes y destino de un numero determinado de curacas y de las familias sujetas a dicho curaca.

Una entidad entre romana y medieval fue resucitada para premiar a los inversionistas y se estableció entre nosotros el libre uso y abuso de la fuerza de trabajo indígena. Hubo de todo. Desde encomenderos que persistían en hacerse llevar en andas en más de un lugar, o Melchor Verdugo en Cajamarca, que disfrutaba el tormento y ponderaba las bondades de su reputado mastín Bobo: terror de curacas reticentes. También hubo historias de curacas y lealtades inmutables como la de Lucas Martínez Vegazo y el viejo curaca Tix, el firme de la Nazca más vieja.

Pocos testimonios subrayan con más claridad el carácter de página en blanco de una situación, que ponía al español encomendero y al curaca encomendado en un terreno en el que cabía de todo, cómo la anécdota que recuerda don Felipe Guamán Poma:

Están ahí el curaca y el encomendero, como en una parodia de la escena de dos novios que podrían decir… al fin solos. Y no hay forma de entenderse. El antepasado europeo hace demandas que el antepasado indígena no entiende. La atmósfera se va agriando hasta que el encomendero pierde la paciencia y exclama: “¡Anda, puto!” Entonces, dice el cronista errante, los ojos del curaca se iluminaban por fin, salía corriendo y al rato volvía muy contento con un poco de cobre y unas calabazas. Porque “anda” es cobre y “puto”, calabaza,

Pero no todo era risa en esta etapa de la historia de la encomienda marcada por el contacto compulsivo y la subyugación de la fuerza de trabajo indígena. Las inmensas riquezas labradas en tan poco tiempo hicieron de los encomenderos una núcleo privilegiado que obraba como dueño del Perú. Eso los puso en la mira de la corona.

Seguir leyendo
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinión

Entrevista a Pedro Gamio: “Guzmán no es el candidato vitalicio del Partido Morado”

Seguir leyendo

Opinión

El show de la mentira

Seguir leyendo

Opinión

Restas

Seguir leyendo

Tendencias

Contacto: [email protected]

Copyright © 2019 Todos los derechos reservados a favor de Político.pe. Aviso Legal. Desarrollado por Smart! Grupo Creativo