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Los obstruccionistas

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Cómo le debe haber caído a Cateriano y a sus caviares que entre los pocos que votaron por la confianza haya estado la bancada de Fuerza Popular. Se acabó el mito del obstruccionismo, de la zancadilla, de la sangre en el ojo.



Los hechos son los hechos en el PERIODISMO y en la REALIDAD.  El gabinete Cateriano ha caído sin siquiera haber empezado, luego de que el Congreso le negara el voto de confianza por una serie de intereses variados y subrepticios.

Quienes apoyaron al hoy renunciante presidente del Consejo de Ministros en el pleno fueron sus enemigos, los que supuestamente obstruyeron la presidencia de Martín Vizcarra en el anterior Congreso y contra los que Cateriano ideó el golpe de Estado del 30 de septiembre para defenestrarlos de la plaza Bolívar. Hoy, los hijos de ese golpe de Estado ideado por Cateriano le han metido la daga por la espalda: nunca mejor puesto el dicho de quien a hierro mata a hierro muere.

Pero ya no se podrá acusar jamás a Fuerza Popular de haber participado en la caída de Cateriano en plena crisis sanitaria, económica y social como no hay precedente en los últimos cien años. En aquella bancada, quienes supuestamente eran los obstruccionistas le dieron su voto de confianza al enemigo que los disolvió (y los dos que no, lo hicieron por algo que en otras bancadas ya olvidaron: PRINCIPIOS) porque pensaron antes en el país que en sus propios intereses.

Cómo le debe haber caído a Cateriano y a sus caviares que entre los pocos que votaron por la confianza haya estado la bancada de Fuerza Popular. Se acabó el mito del obstruccionismo, de la zancadilla, de la sangre en el ojo que expandían sin pudor las Mávilas Huertas, las Rosa María Palacios y los Álvarez Ródrich que ahora chillan por el monstruo de representación que ayudaron a encumbrar.

Ahora, así como la vez pasada, los golpistas botan espuma por la boca a causa de lo que han derivado en llamar “Los malditos de la plaza Bolívar” o “traición a la patria”. Sí, claro, como no.

Los hechos han dejado demostrado que todo lo que se dijo acerca del obstruccionismo de Fuerza Popular fue una vulgar mentira que se usó como pretexto para perpetrar un golpe de Estado, que terminó devorando a los propios golpistas. Mientras tanto, los “obstruccionistas” tuvieron la responsabilidad patriótica de darle la mano a Cateriano en su hora más difícil.

Hizo bien Cateriano –hay que reconocerlo– en no dejarse pisar el poncho por lo del ministro de Educación y morir en su ley. Mientras, los caviares siguen mirándose el ombligo culpando al pobre ministro Ruggiero que a nadie interesa más que a ellos o al Acuerdo de Escazú, que en la mente de los congresistas y del vulgo vive en la galaxia de Andrómeda. Querían nuevo Congreso: ¡ahí está!

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