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#LoMásLeído 3: Los actores del golpe de Estado

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Nos ha quedado bien claro que este quiebre de la democracia peruana solo pudo darse gracias al apoyo coordinado de varios grupos de poder en el Perú y en el extranjero. Se trata de poderes fácticos e intereses distintos, pero unidos entre sí por cuatro objetivos afines: corrupción, odio, más poder y dinero.



Sin desmerecer el rol golpista de Martín Vizcarra, ni sus bravuconadas populistas tan propias de regímenes como los de Maduro o Kirchner (menos aún, desconocer sus engaños y tremenda ignorancia en temas constitucionales), nos ha quedado bien claro que este quiebre de la democracia peruana después de largos veinte años de aguante solo pudo darse gracias al apoyo coordinado de varios grupos de poder en el Perú y en el extranjero. Se trata de poderes fácticos e intereses distintos, pero unidos entre sí al final de cuentas por cuatro objetivos afines: corrupción, odio, poder y dinero.

El último en sumarse a esta rola, cuándo no, ha sido el escritor y Premio Nobel del Odio: don Mario Vargas Llosa. Halagó a los militares golpistas peruanos que no defendieron la Constitución del 93 a puertas del Bicentenario, y creó para sí un nuevo Nobel al Cinismo.

Este quiebre constitucional en el Perú tiene como primerísimo actor principal al cartel mediático nacional, cuyos medios sincronizados en su adulación patética al régimen golpista vendieron sus primeras planas y principios, a cambio de la millonaria y generosa teta estatal. Peor aún: están unidos a la corrupción del Brasil por un pacto diabólico entre su patriarca y jefe, José Graña Miró Quesada y el arlequín de la mafia del Brasil, Marcelo Odebrecht. Simplemente hablando, son socios: partners en todas sus estafas a los tontos peruanos que se dejan robar.

A nadie se le ocurriría en España ni pensar que los dueños del diario El País o ABC sean la misma persona –como ocurre en el Perú–, y mucho menos imaginar que fueran socios del jefe de la mafia internacional. O que en Estados Unidos de América los dueños de la CNN o el New York Times fueran partícipes de los crímenes de Al Capone. ¿Sería imposible, verdad? En cambio, en el Perú –es decir, en la Corruptolandia de Vizcarra– esa es la mera realidad. Aquí el que imprime los diarios para todos los quioscos del país y el que lee los teleprompter de TV a la ciudadanía día y noche es la misma persona que nos roba en megaobras para el Estado… OMG!

En siguiente lugar se encuentran las ONG como el IDL y Transparencia, manipuladoras delirantes de la moral y convertidas ya en el nuevo purpurado caviar. Solo les falta pedir que incendien iglesias cristianas de una buena vez, pues hasta se autodenominan “notables”. Controlan la fiscalía, y tienen un clarísimo pacto de impunidad con José Graña, dueño de El Comercio, Perú21, Correo, Ojo, el Trome y con Marcelo Odebrecht. Por cierto: ambos delincuentes están bien libres y sin deudas al estado peruano. Life is good!

Un actor sorpresa y de última hora de este inmoral golpe de estado han sido las Fuerzas Armadas, compuestas al parecer por generales temerosos que no dudaron en vender sus espadas al mejor postor. Ellos son los verdaderos garantes del golpe de Estado de Vizcarra, y hoy todos los caviares les rascan la barriga como a un Buda. En cuarto lugar ubicamos a Marcelo Odebrecht, cuya sociedad con la prensa peruana –así como con los fiscales– fue evidenciada en las inmensas ventajas económicas que recibieron y firmaron secretamente –porque allí sí hubo cero transparencia–, como se increpó por excusa fáctica para disolver el Congreso con el tema del TC.

Marcelo, no siendo político, resulta ser el arlequín mas vivo de todos y el componente sine qua non de esta patraña golpista de Vizcarra. El actual presidente de facto ha sido su socio a través de la empresa Conirsa, tal que la manzana en el Perú nunca cae lejos del árbol del Brasil. Todos le temen y Vizcarra también, y no hay duda de que se apresta a seguir robándonos y cobrando millones en peajes, en Chaglla y en la megaestafa del Gasoducto del Sur –que vendrá con algunas variantes cortesía del dictador y pupilo suyo–, pues ahora quiere llevar la troncal a Bolivia. Eso sí, para Marcelo solo cuentan los fajos de billetes, pues el odio al fujimorismo no es su business.

En quinto lugar, están los partidos comunistas (hoy fuerza de choque del Gobierno y convertidos en matones callejeros). Masacran a cuanto anciano de la oposición ven en las calles. Ellos son intocables a la ley; han renacido gracias al cordón umbilical que los une a los medios de comunicación, quienes en sus reportajes los aúpan y tasajean generosamente a cambio de su ruidoso apoyo callejero contra la oposición democrática. Recibirán a cambio una nueva Constitución Política más estatista, antiminera y socialistoide (al estilo de Evo Morales), a quien al parecer tanto admiran en Palacio.

Entre los perturbados comunistas y los confundidos Miró Quesada del siglo XXI ha nacido una alianza macabra casi imposible de imaginar. Solo otra cosa más: el éxito golpista de Vizcarra será muy similar al éxito de Maduro en la Venezuela. Así que: ¡vayan comprando sus zapatillas para caminar harto por todo el continente!

Imagen original tomada de Revista Semana

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