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Opinión

Linderos del Bicentenario

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Atención: un cusqueño realista no era menos peruano que un cusqueño comprometido con la emancipación (y a lo mejor eran compadres).



Parece que a veces los ojos del presente ayudan a entender mejor el pasado. Lo digo porque tengo la esperanza de que un país polarizado como el que hemos venido siendo puede estar quizás en mejor pie para entender hasta qué punto la sociedad peruana de fines del XVIII y comienzos del XIX estuvo también polarizada a lo largo del longevo proceso de emancipación.

Tenemos otra ventaja comparativa. A diferencia del sesquicentenario, cuando cristalizó la imagen de Túpac Amaru como precursor y se destacó todo lo de revolucionario que pudiera haber en la gesta emancipadora, quiero creer que los peruanos del Bicentenario tenemos el seso suficiente para entender que ambos segmentos de esa sociedad polarizada eran el Perú y que el curso y tradición de nuestra práctica política viene de ambas esferas.

Es bueno recordar al notable José de la Riva Agüero que recoge en “Paisajes Peruanos” sus impresiones al recorrer el campo de batalla en la Pampa de la Quinua, Ayacucho. Todavía se podía encontrar restos de munición. En esas páginas Riva Agüero sostiene con valentía que más que una guerra de independencia aquello fue una guerra civil, cada bando apoyado por sus asesores foráneos. De un lado estaban los asesores foráneos de los realistas, todos ellos españoles. Los asesores foráneos del lado de la independencia eran venezolanos, colombinos, chilenos y argentinos. En ambos casos, los asesores eran minoría. Ayacucho fue un enfrentamiento entre peruanos. Y no se precisa ser un historiador revolucionario para deducirlo.

Por último, dejemos de lado ese complejo de la independencia tardía. Sí, 1821 es tarde frente a lo ocurrido en Chile, Argentina, el Alto Perú o Quito. En general se puede datar las independencias por proclamaciones o por el primer grito de libertad. Una sabia ya fallecida, Nettie Lee Benson, decidió ir más allá de la dicotomía y propuso datar las dependencias según la fecha del primer ejercicio de ciudadanía moderna.

En el Perú eso nos lleva a las elecciones de 1813, con la Constitución de Cádiz, que fueron absolutamente modernas y la dieron el voto a los indígenas propietarios que estuvieran al día en impuestos. Los naturales de Puno y Cusco ejercieron el mismo derecho al voto que los naturales de Madrid o Barcelona.

Si no asimilamos esto último jamás entenderemos por qué el ejército del rey tuvo tanto apoyo político en la sierra, incluso después de San Martín. Como si hubiera dos Perú. Seamos sinceros, los hay, ¿verdad?

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