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Libre al fin

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La rebelión de los jueces contra la excepcionalidad absoluta de la prisión preventiva es la que ha sido desautorizada, en este día histórico, por los magistrados del Tribunal Constitucional con la liberación de Keiko Fujimori.



La decisión de la mayoría del Tribunal Constitucional ha hecho justicia a Keiko Fujimori. Al declarar fundado el hábeas corpus presentado por su hermana, le ha devuelto la libertad que venía siendo conculcada en todas las instancias judiciales por fiscales y jueces, que se zurraban olímpicamente en las disposiciones del propio TC, en la corte casatoria de la Suprema y en las resoluciones y recomendaciones de la Corte y CIDH.

El caso de Keiko Fujimori es emblemático porque sus derechos humanos venían siendo violados impunemente en una parodia de proceso, en la que fiscales y jueces jugaban a hacer política, filtrando o dejando filtrar información del expediente a sus medios amigos, dando entrevistas alejadas de su función jurisdiccional –“invoco al presidente a disolver el Congreso”– o difundiendo simples declaraciones –como la de Jorge Yoshiyama Sasaki– que no figuraban en los autos fiscales; es decir, que eran un suelto ad doc para mantener a Fujimori tras las rejas. Dicha rebelión de los jueces contra la excepcionalidad absoluta de la prisión preventiva es la que ha sido desautorizada, en este día histórico, por los magistrados del Tribunal Constitucional.

Los fiscales y los jueces no pueden hacer lo que les da la gana amparándose en una versión antojadiza de la ley y dejando de lado principios de instancias superiores que los obligan. De hacerlo ya dejan de ser fiscales y jueces, y se convierten en inquisidores y tiranos como es el caso contra Keiko Fujimori y muchos más.

El argumento de la obstrucción de la justicia era un mero cuento cuando se jalan hilos de todos lados a fin de construir un muñeco de trapo. El fondo del asunto contra ella no se ha resuelto aunque va por buen camino, pues la tesis fiscal del lavado de activos ha sido desbaratada por los propios empresarios que han admitido la donación subrepticia de dinero LÍCITO.

En libertad, como corresponde, Keiko deberá enfrentar primero la acusación fiscal que no existe aún y, luego, si procede, un juicio con todas las de la ley. Mientras su familia la espera luego de un año de abuso, recluida en una mazmorra y vejada en su dignidad por sus enemigos (que, para variar, ya empiezan a chillar rasgándose las vestiduras), su partido también la reclama pues –no lo olvidemos nunca– ella es la líder indiscutible de un movimiento político que postula al Parlamento. Su palabra y su acción serán decisivas para el resultado del 26 de enero de 2020.

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