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¿Libertad o libertinaje para la expareja presidencial?

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Es cierto que lo justo es el debido proceso, pero todos sabemos que el derecho procesal también se utiliza para buscar la impunidad.



Quizás tengan razón aquellos profesionales que están apareciendo en diversos programas de televisión y radio, afirmando que el auto decretado por el juez encargado de juzgar a los Humala es errado y errático. Que se trata de un magistrado cercano a lo exagerado en lo procesal, de un juez que está en su cuarto de hora de fama y que aprovecha este momento para hacer noticia y decretar lo que decreta.

Tal vez tengan razón los que afirman que muy pronto los Humala Heredia recuperarán la libertad porque lo ocurrido será corregido en la apelación. Eso se está afirmando en defensa de ellos casi como una verdad mediática, como una aplanadora técnica, una avasallante ola de argumentación jurídica.  Y puede resultar complicado refutarlo. Tal vez tengan razón.

Pero ojalá que también se analice y escuche con la misma vehemencia a los que desean que algún día el país se libere de toda esa manipulación y mentira de la que a veces el Perú parece estar preso; de esos personajes que pregonan abiertamente un discurso electoral para luego cambiarlo en casi 48 horas con el fin de llegar a la presidencia y jugar a ser gobierno. También de algunos abogados interesados en que la jurisprudencia no siente nuevos precedentes porque eso no es penalmente conveniente para algunos de sus clientes.

Quizás tengan razón los que afirman que los Humala Heredia deberían pasar a libertad con restricciones y seguramente por poco tiempo. Tal vez esa sea una medida más ecuánime y menos abusiva. Pero ojalá también algún día se deje de manipular política y discursivamente la condición de miles de peruanos que vieron la luz bajo “prisión preventiva”, porque nacieron presos de su pobreza y con un conjunto de derechos y oportunidades que en la práctica les son inalcanzables.

Nos dirán pronto que tienen razón los que afirman que Madre Mía es un invento y que no está comprobado que el expresidente compró el testimonio de testigos bajo amenaza. Ojalá tengan razón porque lo otro constituiría una realidad comprobada muy impactante. Pero ojalá también se generen las condiciones para que el país deje de sentirse amenazado por el fantasma o la percepción de que aquí cualquiera puede llegar al poder (incluso un ladrón o un asesino) porque las leyes y la fragilidad institucional así lo permiten. Y que a pesar de eso no pasa nada porque la impunidad se impone.

Seguramente nos dirán que tienen razón los que afirman que las agendas no son de la exprimera dama, que no mintió cuando dijo que no era su letra, que dijo la estricta verdad siendo primera dama; que no usurpó el poder de nadie porque no tuvo cargo público ni fue elegida; que fue autentica cuando tuiteó “tan difícil es caminar derecho”; que no es verdad que manejaba aspectos de la política pública, que no transgredió protocolos, que no jugó a desestabilizar el país propiciando el rumor de que iba a ser candidata a sabiendas de que eso equivalía a intentar una dictadura conyugal democrática. Pero ojalá también se escuche a los desean que algún día el país llegue a estar libre de personajes que para hacer política se venden a presidentes extranjeros; de gobernantes que entregan el poder político a sus cónyuges o asesores porque no están preparados para dirigir el gobierno. Y ojalá también el país se libere de la complicidad y del sometimiento en el que a veces parece estar preso el Perú, porque los miembros del Ejecutivo permiten a sus presidentes hacer prácticamente lo que les viene en gana simplemente por el hecho de que ostentan más poder que ellos.

Seguramente pronto se dirá que lo mejor será destituir al juez que ha encarcelado a los Humala. Así todos quedarán libres de incomodidades, incluso libres de jueces cuyas decisiones pueden perturbar a algunos ex gobernantes o políticos. O el futuro de próximos presidentes, dependiendo el caso.

El debido proceso es la mejor garantía de un juicio justo. Y está muy bien, de eso se trata. Pero todos sabemos que más allá de eso, el derecho procesal es también utilizado por las partes para defender la impunidad, la barbarie, el abuso. O para obstruir la búsqueda de la verdad. Ojalá algún día el Perú quede democráticamente libre de todo ese encierro.

Este es un país capturado por el libertinaje político. Y estamos viendo sus consecuencias.

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