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Leticia, 1933: confiar en Brasil costó caro

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El día en que las fuerzas colombianas, al mando de mercenarios, bombardearon posesiones peruanas desde aguas brasileñas



Salvo algunos momentos de buen fútbol, y en blanco y negro, hay poco que agradecerle a Brasil. En 1932, por ejemplo, el tema de Leticia nos llevó a un enfrentamiento abierto con Colombia. Y los sectores mayoritarios de la elite informada confiaron excesivamente en Brasil, pensando que el gigante amazónico no permitiría el paso fluvial de fuerzas colombianas en el Putumayo.

Considerándose agraviada por el Perú, Colombia empuñaba las armas. Las palabras habían terminado. Una expedición militar a cargo del general Vásquez Cobos surcaba las aguas de la Amazonía con la misión expresa de rescatar Leticia y ponerla bajo bandera colombiana. Adiós, discursos; adiós, protocolos; adiós, embajadores; adiós, poses. Adiós, Brasil.

A partir del 16 de diciembre de 1932, la expedición colombiana se fue haciendo fuerte en Belem de Pará. ¿Brasil? Bien, gracias. Ya se les había permitido a los colombianos desplegarse para atacar Leticia cuando quisieran. Destinada a remontar el Amazonas y desalojar a los peruanos de Leticia, la expedición colombiana acantonada en Belem do Pará llegó a sumar mil hombres en cinco barcos armados, dos cañoneras y una flotilla de aviones.

Detalle. Las cañoneras y los aviones colombianos estaban al mando de tripulación europea. Eran mercenarios al servicio de un estado que al estallar el conflicto con Perú carecía de ejército. Vaya rapidez con la que se financió una fuerza de guerra contra el Perú. ¿Y Brasil? Bien, gracias.

Hasta que se armó la grande. Mientras efectuaba un reconocimiento sobre el río Putumayo, una escuadrilla de aviones peruanos había recibido disparos de la cañonera colombiana Córdoba, que se encontraba en aguas brasileras, cerca del puerto de Tarapacá tomado en octubre del 32 por los peruanos. La avioneta peruana contestó el fuego, lanzando bombas sobre el Córdoba y los cuatro cañoneros que lo acompañaban observando que se producía gran humareda en el Córdoba. La flotilla de guerra colombiana permanecía en aguas brasileras.

El general Moura, comandante de las fuerzas brasileñas, había visitado el campamento de Leticia, para comunicar que el gobierno brasileño había clausurado para el Perú y Colombia los canales Aramaza, Cleto y Esperanza.

Faul. El jefe peruano hizo presente que los hidroaviones colombianos tenían pintadas las alas de color verde y azul, colores nacionales de Brasil, y encima decolaban de aguas brasileras. Colombia emitía un nuevo ultimátum, esta vez dirigido a los peruanos de Tarapacá, mientras bombardeaba las playas desde aguas brasileras.

Así nos han jugado. Recuerda, peruano.

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