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Opinión

Las “lágrimas” de Nadine

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Más allá de su victimización, es muy poco probable que la supuesta usurpación de funciones sea probada fehacientemente.



La ex primera dama y otrora presidenta (del Partido Nacionalista) Nadine Heredia sabe muy bien lo que significa la investigación que hoy ha decidido abrirle el Congreso: más allá de si hubo o no “usurpación de funciones”, se trata de un proceso que se veía venir en su contra una vez que dejara Palacio de Gobierno junto a su esposo y ante el cual ambos mostraron su nulo sentido estratégico.

Digo esto porque siempre pareció que a Nadine no le importaba un bledo la posibilidad de que un nuevo Parlamento la investigara por este asunto debido a sus reiterados alardes de poder evidenciados a lo largo del gobierno de su esposo, así como por la injerencia política que este siempre le reconoció públicamente aludiendo a “un gobierno familiar” o a la circunstancia de que Nadine se ocupara de supervisar ciertos aspectos de su administración, como en lo referente a los programas sociales.

El fracaso electoral de esta última campaña, en el que la dupla Humala-Heredia debió retirar a sus candidatos al Congreso (y perdió así cualquier posibilidad de contrapesar el embate de sus adversarios en este nuevo quinquenio), solo agravó una situación de indefensión política que se veía venir.

Sin embargo, fuera de victimizarse por lo que considera un proceso amañado en el que de todas maneras resultará “condenada” tal como apunta en sus mensajes vía Twitter publicados este mediodía poco después de que el Pleno aprobara se la investigue por presunta “usurpación de funciones”, lo cierto es que más allá de su próxima comparecencia en la Comisión de Fiscalización y de los previsibles encontronazos verbales con sus adversarios de turno es muy poco probable que tal “usurpación” sea probada fehacientemente y, con ello, acarree algún tipo de sanción en su contra.

Para que esto ocurra, algún alto funcionario del gobierno humalista tendría que admitir no solo que recibía órdenes o coordinaba asuntos de Estado con Heredia, sino que trabajó supeditado a sus designios, y eso equivaldría a incriminarse en estos hechos. E incluso, además de las versiones verbales se requerirá algún sustento documentario ¡papelito manda! que, nos atrevemos a anticipar, no existe por ningún lado. De ser así, es obvio que abundaría el ruido político, pero habría muy pocas nueces.

La estrategia de Heredia será, como ya se está viendo, denunciar un cargamontón político en su contra y continuar victimizándose. El fujimorismo debería tener muy claro que si no encuentra evidencias ciertas en su contra, ella podría terminar ganando la partida en este caso.

En 180 días veremos quién ríe último.

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