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Las horas más oscuras: lecciones para Fuerza Popular

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"Nunca desistas, nunca te rindas. En aquellos momentos en que nuestro prestigio estaba por los suelos la única forma de recuperarnos era demostrando que nuestros enemigos no nos habían vencido". Winston Churchill



Si los amigos de Fuerza Popular leyeran un poco de historia tendrían claro que hay reglas universales en la política y que, por tanto, estas pueden aplicarse para todo tiempo y lugar y adaptarse de acuerdo a las circunstancias. Por ejemplo, cuando cae el rey en una batalla el resultado es que o cae el reino o las fuerzas se reagrupan para resistir y contraatacar. Que caiga el reino significa aquí, por si alguien no lo ha entendido, que las condiciones de vida la ponen los vencedores, los ocupantes y que los vencidos u ocupados se convierten en esclavos, la mayoría, o, en el mejor de los casos, en “felipillos” de los nuevos magnates o “caporales” de algún campo de concentración. Así de claro.

No hay nada ofensivo en lo anterior: simplemente, es historia universal. Por supuesto, cada hombre y mujer tiene todo el derecho de tomar la decisión que mejor le convenga a sus intereses de acuerdo a cómo enfoque lo que es la vida para él, para ella y para su familia.

De otro lado, decir que cuando caído el rey en batalla sus fuerzas se reagrupen para resistir y contraatacar significa hacer todo lo que sea posible y razonable –de acuerdo con los recursos con los que se cuenta– para evitar la derrota, esto es, para que las normas de vida no las imponga el vencedor. En este tipo de trances manda la historia que lo primero que tiene que quedar claro es que sin UNIDAD no hay posibilidad alguna de sobrevivir ni mucho menos de prevalecer. La otra cara de esta moneda es que la unidad va de la mano del LIDERAZGO, pues caído el rey alguien con el respeto y la capacidad suficiente de catalizar a todas las facciones –que siempre existirán en un grupo humano– tiene que hacerse cargo de la situación, precisamente por el consenso que entre todos genera su ascendiente.

La historia también demuestra que a veces es el menos pensado  el que asume las riendas. El caso de Winston Churchill es el clásico ejemplo de un hombre que ,en la lista de líderes políticos británicos para hacer frente a la hora más difícil del Reino Unido, era el último en el que las élites hubieran pensado. Ungido como tal casi por descarte ante el fiasco de los apaciguadores y pacifistas, lo primero que hizo es armar un gabinete de guerra de unidad de todas las tendencias y lo logró. Solo así pudo hacer frente a la aniquilación.

Para resistir en una situación extrema nunca hay que descartar la paz con el enemigo, pero la regla de la historia es que la “paz a cualquier precio” es lo mismo que la derrota, por lo tanto es mejor en ese caso luchar hasta el final pues iempre habrá una mínima posibilidad de ganar; mientras que si firmas la paz a cualquier precio la posibilidad de ganar es cero y la derrota será para siempre.

Los amigos de Fuerza Popular –y, en realidad, a cualquiera que le interese la política– se preguntarán qué es hacer una “paz a cualquier precio”. Muy simple: darle al enemigo todas las armas, es decir, desarmarte por completo de tal forma que estés en sus manos teniendo como única garantía un simple “papelito” que diga que el enemigo, ya con todas tus armas en sus manos, no te va a hacer daño. Así por ejemplo, cuando Francia era arrasada por los nazis y el ejército británico estaba a punto de caer prisionero en Dunkerque, los pacifistas británicos encabezados por lord Halifax le trataron de imponer a Churchill negociaciones con Mussolini (que todavía no había entrado en la guerra) para que funja de intermediario con Hitler, y Churchill –desesperado– aceptó.

Las condiciones eran tan leoninas, con los británicos desapareciendo del Mediterráneo, Suez, Malta y Gibraltar, que Churchill decidió seguir peleando hasta la muerte, pues de haber hecho esa paz la derrota de Gran Bretaña solo se habría aplazado hasta que Hitler –seguro de tener a los ingleses acorralados e inmovilizados en su isla– les hubiera dado el zarpazo final. Apenas un año antes, el antecesor de Churchill, luego de darle al tirano todo lo que le exigía para apaciguarlo en Munich regresó a Inglaterra agitando un “papelito” en el que anunciaba la “paz para nuestro tiempo”. Eso es lo que valen –amigos de Fuerza Popular– los acuerdos de paz cuando se entrega al enemigo todo lo que quiere.

Los amigos de Fuerza Popular en el Congreso, si quieren sobrevivir, claro, deben hacerse esta pregunta clave: ¿qué es lo que más quieren sus enemigos que les entreguen y para qué? Si logran responder esa pregunta, pues eso es precisamente aquello que NO deben entregar porque entonces aquella sería la “paz a cualquier precio”.  Una vez desarmados los aplastarán como moscas.

Para el final me he reservado lo que creo yo es más importante. No puede haber victoria si uno no sabe quién ES y qué REPRESENTA en la vida. Aquellos que no tienen IDENTIDAD, que carecen de un NORTE, que no tienen las IDEAS CLARAS de cómo quieren que sea el mundo y para qué lo quieren así, no tienen ninguna posibilidad de ganar. Están derrotados de antemano.

Únicamente aquellos que tienen convicciones políticas acotadas, que saben qué defienden y qué rechazan pueden enfrentarse con sus enemigos o llegar a acuerdos con ellos sin sacrificar lo esencial. ¿Pero sin saber qué es lo esencial qué guerra van a librar o a qué paz quieren llegar?

¿Saben los amigos de Fuerza Popular si son capitalistas, populistas, liberales, conservadores, de centro, de derecha, de izquierda, o no son nada o son todo al mismo tiempo? Cuando empiecen por resolver ese problema que durante dos años los ha tenido flotando como malaguas en el Congreso, entonces estarán en condiciones de pelear por un ideal que, a su vez, les dará un “ejército”. Si no, ¿de qué partido político estamos hablando, amigos?

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