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La sociedad civil se encuentra con los miembros de la OEA

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Cuando los polos opuestos no se atraen.



Empezó a las diez de la mañana: una hora más tarde de lo programado. Las actividades principales relacionadas con la 49ª Asamblea de la Organización de Estados Americanos abrieron con el “Diálogo de los jefes de delegación con la sociedad civil”.

Ya desde el día anterior los salones de hoteles cercanos a la Plaza Mayor de Medellín –sede principal del evento– tenían mucho movimiento: reuniones de trabajo y de coordinación entre distintos grupos, ONG y asociaciones de la sociedad civil en las que se buscaba articular las peticiones y reclamos que presentarían las distintas coaliciones en este encuentro.

Fueron más de 30 exposiciones que iban, cual péndulo, de izquierda a derecha en sus solicitudes a los miembros de la OEA, mientras que el público, dependiendo de su posición, ovacionaba o abucheaba al expositor. Luego de un cierto número de ponencias se daba la palabra a algunos representantes de los países ante la OEA quienes, también, sin mayor anestesia, evidenciaban cuál era su posición ideológica. Por ejemplo, Ecuador y Uruguay solo se centraron en apoyar al feminismo y la agenda LGTBIQ; Paraguay y Guatemala se pronunciaron a favor de la defensa de la vida del concebido. Cabe resaltar que Luis Almagro, el secretario general de la OEA, llegó tarde y se fue temprano. No escuchó todas las peticiones, aunque el encargado de dirigir la sesión leyó el discurso de Almagro al inicio de la sesión: con lenguaje inclusivo y a favor de la lucha de las mujeres y de las minorías.

Si bien en las distintas exposiciones se trataron temas que también incluían aspectos vinculados a políticas de migración, minorías étnicas, empresa, laicidad de los Estados etc., los ejes centrales sobre los que giraron la mayoría de las ponencias de los miembros de la sociedad civil fueron, por un lado, el respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte natural y la promoción y defensa de la familia natural, y, por el otro, el “derecho” al aborto libre y legal, así como los derechos LGTBIQ.

De hecho, la principal motivación de las asociaciones que se pronuncian a favor de la vida es hacerle notar a los delegados de la OEA que dicha organización no está cumpliendo con los fines para los que fue creada, sino que su agenda principal es netamente ideológica y no ayuda a solucionar los problemas reales que nos aquejan como región: pobreza, falta de educación y salud, corrupción, entre otros. Además, sostienen que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos –y con ella, la CIDH– son los principales responsables de que la OEA hoy solo busque atender pseudoderechos minoritarios utilizando las sentencias de la Corte con el fin de que éstas primen, inclusive, sobre las Constituciones nacionales. Vulneran así la soberanía de los Estados miembros.

Sobre lo anterior, la exposición del representante de la coalición Corrupción Institucional fue muy poco sutil cuando dijo: “En los últimos años esta organización ha sido un foro para la discusión y la toma de decisiones respecto de un problema que aqueja gravemente a nuestra región. Nos referimos al flagelo de la corrupción. Especialmente, en la corrupción existente en esta Organización, la que se verifica cuando las autoridades que la integran utilizan su posición con abuso de poder, privilegiando sus intereses y objetivos personales para dirigir el curso de la institución fuera de los mandatos que les fueron conferidos”.

El balance de la sesión, desde mi punto de vista, fue positivo para aquellos que defendemos la vida y promovemos la familia como la institución primera de la sociedad. A diferencia de encuentros anteriores, cada vez hay más presencia de asociaciones que defienden estos valores en el marco de la Asamblea. Como bien se reconoce en un acto de mea culpa, este espacio fue dejado de lado por mucho tiempo y, por lo tanto, los lobbies abortistas y LGTBIQ tomaron nuestros lugares.

Si bien aún no somos representados ni siquiera de manera equitativa en los distintos órganos de la OEA, ya empezamos a ser muy incómodos. Tan es así que la comisionada Esmeralda Arosemena de Troitiño, presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos –quien por cierto está en busca de su reelección –, declaró recientemente que la mayor amenaza para nuestros países americanos no son –como podríamos esperar– la corrupción, el narcotráfico o los 184 millones de pobres, sino “los grupos conservadores y antiderechos”.

Todavía queda mucho camino por recorrer. Algunos argumentan que basta con salirse de la OEA y así no tendríamos por qué acatar sus “reglas”. Sin duda, no debemos olvidar que los países son soberanos. El problema es que no tenemos un gobernante con los pantalones para recordarlo y, más triste aún, que su ideología es afín con la OEA de hoy.

Por eso hay que seguir trabajando desde la sociedad civil para quemar hasta el último cartucho. Todo apunta a que vamos avanzando.

Imágenes: Portal OEA

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