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La salud de nuestros presos políticos

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Al parecer, ni la muerte misma detiene el disparate político y la sinrazón con los que un presidente moralmente débil, inexperto y accesitario ha hundido al país.



La noticia de que Keiko Fujimori habría tenido ya por segunda vez un malestar cardíaco es gravísima para la moral pública de nuestro país. La dos veces candidata presidencial es hoy a sus 44 años de edad la primera presa política del país sin siquiera haber gobernado. Encerrada “preventivamente” en la cárcel de Chorrillos a pedido del bilioso fiscal Pérez, quien junto a jueces de su misma cofradía (y con presiones extrajudiciales que todos reconocemos) quiebran los límites de la ley y la convivencia en nuestro país.

El estado de salud de la lideresa del fujimorismo ha dado una señal clara de agotamiento físico y mental, pues lleva 300 días de injusta carcelería e incertidumbre en condiciones humillantes. También ha sido apartada de sus menores hijas por sus opresores políticos que pretenden destruir, de la mano de las ONG extranjeras, nuestra joven democracia y lo que antes era una floreciente economía.

Pedro Pablo Kuczynski es el segundo de los presos políticos más importantes del Perú. Sin acusación continúa detenido “preventivamente” en su casa de San Isidro pero apartado rencorosamente de su hija y su esposa Nancy, quienes viven en los Estados Unidos y no lo visitan por temor a las represalias de los fiscales (ellas también serían dueñas con PPK de propiedades que incluyen una de las casas en la calle Choquehuanca). Pedro Pablo ha tenido un resquebrajamiento muy serio en la salud de su músculo cardíaco, propio de su edad, y resulta increíble que el embajador norteamericano permita el abuso y la tortura física a sus propios ciudadanos.

Alberto Fujimori es el preso político ya clásico del Perú. Condenado primero, pagó sus deudas con la sociedad y recibió el indulto por PPK para luego verlo anulado por el inexperto juez Hugo Núñez Julca –hombre proveniente de las canteras del IDL– quien en un actuar imposible para la ley y con solo tres meses en el cargo anuló un indulto presidencial muy superior a su atribución. El estado de salud de Fujimori es gravísimo e insostenible.

Jaime Yoshiyama estudió en Harvard y fue exsecretario general de Fuerza Popular. Es un hombre de 75 años que regresó por propia voluntad de Miami al Perú para enfrentar la justicia luego de una operación ocular y sigue preso “preventivamente” y sin acusación. Otro preso político de importancia de este gobierno cuya salud está en riesgo.

Alan García Pérez eligió la propia muerte a los 69 años antes de permitir la vejación pública de estos embusteros, su maltrato físico y exhibición como trofeo de guerra de una simulada lucha anticorrupción, en la que –como ya vemos– eran los ayudantes más cercanos a Martín Vizcarra como su expremier Villanueva quienes tenían las manos repletas de coimas del Brasil, mientras se llenaba la boca condenando a otros.

Por cierto, los enemigos del expresidente García aún no rectifican las calumnias del falso testaferro Miguel Atala Herrera. Al parecer, ni la salud cardíaca de los expresidentes ni la muerte misma detienen el disparate político y la sinrazón con los que un presidente moralmente débil, inexperto y accesitario ha hundido al país.

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