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La rosa del pantano

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Te quiero, selección; “porque has desenterrado mi alegría y has hecho más aún: la has puesto en pie”.



Creo en los signos. Por eso la mañana del partido consulté el santoral. Tate. El santo del día era san Alberto Máximo. “¿Quién es el capitán de Perú esta noche?”, pregunté a mis compañeros de cabina en Nacional. Alberto Rodríguez. Todo dicho. Qué partidito que jugó el capitán. Su nombre completo es Alberto Junior Rodríguez Valdelomar y es de ascendencia pisqueña como el autor de El Caballero Carmelo.

 Aromado todavía con las mieles del triunfo recuerdo a Valdelomar, el gran literato pisqueño, rememorando en carta a un amigo los años de pobreza familiar. “Éramos tan pobres que vivíamos abrazados”.

La frase se aplica a plenitud a esta selección que supo salir adelante cuando ya nadie creía en la bicolor. Es una selección a la que no le sobra nada y a la que le falta jerarquía. Y, sin embargo, es una selección que nos ha hecho inmensamente felices y nos hará sentir bien por un rato largo.

Ha vivido otras clasificaciones y los sentimientos no son iguales. Por supuesto que en 1981 o en 1977 fuimos extremadamente dichosos de saber que iríamos al Mundial de España o al de Argentina. Pero harto más intensa fue la dicha que se vivió en 1969 al lograr el cupo mundialista a costa de Argentina y volver a los mundiales después de casi 40 años.

Y sin embargo hay una idea que no sale de mi cabeza: me parece que el frenesí del aficionado en este 2017 ha sido más intenso. Me parece que la gratitud que el aficionado siente por estos muchachos rebasa dichas previas. Intento explicarlo y no tengo respuestas claras. Solamente intuiciones que es bueno compartir. Voy.

Considero que este logro se recibe con más dicha y gratitud porque lo vivimos en circunstancias en las que prácticamente todos nos han fallado fuera del verde. Estamos rodeados de políticos mentirosos, jueces vendidos y funcionarios corruptos que han expropiado los sueños de nuestra nación. Por eso, esta querida selección es como la rosa del pantano a la que alude un viejo valse. Y por eso la quiero más que a la anteriores: “Porque has desenterrado mi alegría/y  has hecho más aún, la has puesto en pie”.

Y no sé si te podré seguir cantándote así, selección querida. Porque tampoco sé si seremos capaces de llegar abrazados hasta Rusia. Por lo menos ya sé que nuestros ídolos de corto tendrán que andar con guardaespaldas y alejados del contacto popular. Dicen que el imbécil que agredió a Jefferson estaba cruzado porque le había apostado a Nueva Zelanda. Así está el mundo, Papá Lindo.

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