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Opinión

La rebelión de los encomenderos

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Sepa por qué, siglos después, Abimael Guzmán tomó como sobrenombre "Gonzalo" al momento de lanzar su propia guerra.



Lucas Martínez Vegazo había llegado al Tawantinsuyo como hombre de a pie y rápidamente hizo la América. Alternaba entre Tarapacá, Arequipa o Lima y surcaba el litoral en un barco construido en su astillero de Ilo. Aparentemente, llegó a acuñar moneda propia en su cordonería de Arica.

Llevaba los productos de su encomienda al lucrativo mercado de Potosí; era, en suma, uno de los hombres más acaudalados de ese Perú auroral. Entonces vino la noche.

La corona veía con resquemor a los encomenderos de primera hora pues advertía el peligro de una nobleza indiana capaz de desafiar en su momento al rey; de manera que los jerarcas europeos decidieron, empleando términos modernos, nacionalizar la encomienda y redistribuir la fuerza laboral indígena. Esa medida generó una guerra prolongada en la que el destino y caudales de Lucas Martínez se vieron seriamente comprometidos.

El paquete de medidas que generó el conflicto ha sido recordado como las Leyes Nuevas. Gonzalo Pizarro se encontraba administrando sus ricas posesiones de Charcas cuando llegó la noticia de las nuevas leyes. No sabía leer pero las escuchó toda la noche, dicen los cronistas, y con la primera luz del día reunió a todos los vecinos.

Les dijo que algo muy malo había ocurrido, que ni ellos entenderían ni él sabría explicar. Pero por si alguien tenía dudas, ahí estaban las nuevas leyes. Y acto seguido arrojó los papeles, aplicó la espuela y salió a todo galope camino a la rebelión. Nadie recogió papel alguno y casi todos lo siguieron.

Lucas Martínez Vegazo se encontraba en Lima cuando llegó la noticia de la pretendida eliminación de las encomiendas. Participó en una reunión de vecinos donde todos advirtieron el peligro y prometieron unirse a la rebelión encabezada por Gonzalo, que ya había tomado el Cusco y contaba con una flota a cargo del capitán Hinojosa. Un cura sintetizó el sentir de los conspiradores con una frase humanísima: “Si se ejecutan las ordenanzas, quedan mis hermanas y sobrinas a la putería”.

Durante cuatro años la autoridad del rey fue desconocida, los efectivos gonzalistas saquearon Veracruz y metieron miedo en Panamá. Nadie en todo el Perú osó desafiar la voluntad del gran Gonzalo. Vista la situación con ojos del presente, uno llega a pensar que el Perú pudo haberse independizado siglos antes y entiende, también, por qué Abimael Guzmán optó por usar el seudónimo Gonzalo. Pero la lucha misma en aquel XVI auroral fue, como veremos más adelante, intensa y cruel.

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