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La rana y el escorpión

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A la mitad del trayecto el escorpión hunde su veneno sobre la tonta y servicial rana. Esta le pregunta incrédula: "¿Cómo has podido hacerlo? ¡Ahora moriremos los dos!" A ello, el escorpión responde: "¡Así es mi naturaleza!"



En las elecciones del 2016 ambicionábamos no permanecer estancados con el piloto automático que trazaron Humala y sus ministros de Economía, al no poder ellos igualar ni de cerca el ritmo de crecimiento económico de 8% y más que dejó el expresidente Alan Garcia Perez. El país ya estaba harto de la mediocridad nacionalista o de los caprichos de Nadine. Es así que cuando Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Sofía Fujimori llegaron al balotaje presidencial, pensamos que el crecimiento económico estaba asegurado. Al menos así lo parecía.

Sea que el graduado de Princeton gobernase o que fuera Keiko –recibida en la escuela de negocios de Columbia–, sabíamos con certeza que ninguno de ellos nos propondría elegir por ejemplo entre el agua y el oro. Pero extrañamente, y a solo tres años de que la derecha ganase las elecciones, se oye al presidente accesitario (cual docto saboteador de izquierdas) complotar contra las inversiones mineras despojándolos de la mera licencia que el mismo dio unas pocas semanas antes.

Además de esa doble actuación, a la que nos tiene ya acostumbrados el malévolo Martín, doble también ha sido el maltrato político a la derecha peruana durante su breve gestión de dieciséis meses. Una vez a sus líderes presos PPK y Keiko; una segunda vez, a sus ideas. Debido a ello, la figura de Pedro Olaechea Álvarez-Calderón como presidente del Congreso es por fin una señal clara de que la derecha peruana se puede unir y trabajar por intereses ventajosos al país, tal que el Congreso represente a quien lo eligió y no a quien lo traicionó.

En ese sentido, el adelanto de elecciones propuesto por Martín Vizcarra es otra vez la manera habitual que él tiene de intoxicar al país y de no ser responsable por sus actos, que nos recuerdan la fábula de Esopo sobre la rana y el escorpión.

Un escorpión le pide a una rana que lo ayude a cruzar el río, prometiendo no hincarle el aguijón pues, si lo hacía, ambos morirían ahogados. La inocente accede y lo sube a sus espaldas, pero a la mitad del trayecto el escorpión hunde su veneno sobre la tonta y servicial rana. Esta le pregunta incrédula: “¿Cómo has podido hacerlo? ¡Ahora moriremos los dos!” A ello, el escorpión responde: “¡Así es mi naturaleza!”

Ergo, este es el momento de no creer más en las mentiras del escorpión presidencial que viene destruyéndolo casi todo: la Fiscalía de la Nación, la moral pública y ahora también la economía del país –cuyo PBI se ralentiza por debajo del 2%–. Sus actos presidenciales no nos representan y solo benefician a ONG tramposas, las cuales al tiempo que nosotros emitimos nuestro voto ya están actuando para jalar a los candidatos hacia sus torcidos molinos.

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