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La pax colombiana

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Muchas veces no se puede aplicar toda la justicia que quisiéramos.



Los acuerdos que lograron la paz en Colombia han sido criticados por la derecha y la izquierda de las ONG. Tienen un solo propósito: que luego de más de medio siglo, los colombianos dejen de matarse entre sí.

La paz ha sido fruto de un empate estratégico, ya que ninguno de los dos resultó ganador. Ni el Estado de derecho podrá acabar con todos los integrantes de las FARC ni ellas podrán nunca llegar al gobierno por las armas. Es por esto —y no por conversión— que ambas partes han tenido que ceder.

Hoy los maximalistas (alumnos tardíos de Platón, diría Popper) exigen justicia total: sanción para todos, responsabilidades para todos los que intervinieron, sean guerrilleros o militares. “¡Políticos o parapolíticos!” es el grito de combate; aún a costa de la paz. Y se trata de la clase política de derecha y los miembros de las ONG, cuyos hijos nunca han sido soldados ni guerrilleros. Así qué fácil.

Cuando se transita de la guerra a la paz, muchas veces no se puede aplicar toda la justicia que quisiéramos. La transición a la paz o a un cambio de régimen político democrático es muchas veces arbitraria para poder ser posible: por ejemplo, los protagonistas de la Restauración, luego de la derrota de Napoleón, no pudieron condenar a todos los que participaron del Terror de la Revolución Francesa. Igual ocurrió al final de la Guerra Civil Americana. 

Los americanos no encarcelaron al emperador Hirohito, causante de tantas muertes en el Pacífico. En los últimos tiempos los maquis de la liberación de Francia mataron alrededor de 10 000 franceses que colaboraron con los nazis (incluidas,  claro está, las amantes de los SS). No hubo debido proceso ni respeto a los derechos humanos; se les fusiló sumariamente y nadie de la resistencia fue condenado por ello.

Los colaboradores de la criminal Stasi —entre los cuales algunos dicen estuvo el escritor alemán Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura 1972-—eran millones. Ninguno fue procesado.

En la vida no se puede hacer todo lo que se quisiera; es bastante con hacer lo mejor que podamos. La prioridad es el cambio democrático a la paz. Lo que la correlación de las fuerzas política y militar establece es lo que realmente se logra.

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