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La metamorfosis o bipolaridad política del embajador Almagro

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Doblemente grave (tanto como maléfico) sería que este cambio de piel tenga como propósito oculto conseguir el voto de Bolivia, Nicaragua y algunos países caribeños para su reelección en el cargo de Secretario General de la OEA. 



En lenguaje político entendemos por metamorfosis el cambio de un individuo, súbito, extraño, incomprensible, que proyecta dos personalidades con características o identidades completamente contradictorias. Esa palabra fue utilizada por el escritor checo Franz Kafka para titular una célebre novela en la que el personaje central –el comerciante de telas Gregorio Samsa– amanece convertido en un gigantesco insecto parecido a una cucaracha. También empleamos esa expresión para referirnos al libro del escocés Robert Stevenson, que narra la fantástica historia de un amable científico –el Dr. Jekyll–, que después de tomar una pócima se convierte en el perverso Sr Hyde.

Recuerdo esas historias asombrado por la súbita mutación de un admirable diplomático que defendió con valor y constancia la lucha democrática contra la dictadura venezolana y que ahora, incomprensible y tristemente, encubre la ilegal candidatura presidencial de Evo Morales, personaje que ha defendido todas las fechorías y violaciones a los derechos humanos del dictador Maduro y que ha apoyado, inclusive, la infame decisión de no permitir el ingreso al país llanero de ayuda humanitaria de medicinas y alimentos.

Para entender la metamorfosis del embajador Luis Almagro, resumamos:

1.- Evo Morales fue electo presidente el 2006, en el marco de la Constitución del 2004, texto que en su artículo 87 establece que el mandato presidencial es de 5 años y prohíbe la reelección inmediata. Es decir, el 2011 debió abandonar el Gobierno.

2.- Aplicando el modelo chavista, el 2009 Morales promovió una reforma de la Carta Fundamental para crear el Estado Plurinacional y permitir una reelección inmediata, reformas que fueron respaldadas por un referéndum.

3.- Aduciendo que el 2009 habían cambiado las reglas de juego se presentó a las elecciones para el periodo 2010-2015, que consideró su primera postulación.

4.- El 2015 nuevamente postuló y ganó los comicios para gobernar hasta el 2020, gracias a la interpretación de una Corte Constitucional vasalla al gobierno, remedo del tracalero Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela.

5 – El 2016 Morales impulsa un nuevo referéndum para que una reforma constitucional permita la reelección indefinida. Pero el pueblo votó por el NO, y el derrotado mandatario se presentó contrito ante la prensa comprometiéndose a cumplir el mandato de los electores.

6.- Sin embargo, deshonrando su palabra, recurrió otra vez al ardid de tocar las puertas del sumiso Tribunal Constitucional que –ante la sorpresa internacional– emitió una insólita resolución facultándolo a postular porque, dijeron, no hacerlo vulneraría sus derechos humanos consagrados en la Convención Americana de la OEA.

7.- Ante ello, Almagro derivó esa resolución en consulta a la Comisión de Venecia, integrada por los más eminentes constitucionalistas y expertos en derecho internacional, que asesoran al Consejo de Europa.

8.- El 20 de marzo de este año, la Comisión de Venecia emitió un contundente dictamen, señalando que una reelección no tiene ninguna vinculación con los derechos humanos y que “limitar los mandatos garantiza la democracia y no equivale a discriminación”.

9. – Ante este categórico informe, el 10 de abril Almagro expresó que “la respuesta de la Comisión de Venecia es inequívoca: la reelección no es un derecho humano e impedir la reelección no limita los derecho de los candidatos o de los votantes”. Como era de esperarse, Evo Morales repudió sus declaraciones y las tachó de injerencistas.

10.- Fue el 17 de mayo cuando se produjo la insólita metamorfosis del embajador Almagro, quien aterrizó en La Paz y sospechosamente fue recibido con honores y fanfarria por Evo Morales. Juntos viajaron a zona cocalera del Chapare. Ahí, entre serpentinas y pututos, el Secretario General de la OEA sostuvo que “sería absolutamente discriminatorio” que el mandatario  boliviano no pueda presentarse a las elecciones de octubre; es decir, dijo exactamente lo opuesto a lo que había sostenido.
Ese día, Almagro escribió una oscura y deplorable página en la historia diplomática de la región, que bien podría dar lugar a una nueva novela, esta vez de bipolaridad política, en la línea de las obras de Kafka y Stevenson.

Lo grave de lo manifestado por Almagro es que, por extensión, avala las reelecciones ilegales que sostienen las dictaduras de Venezuela y Nicaragua. Y, lo doblemente grave (tanto como maléfico) sería que este cambio de piel tenga como propósito oculto conseguir el voto de Bolivia, Nicaragua y algunos países caribeños para su reelección en el cargo de Secretario General de la OEA.

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