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La mafia tiene quien le escriba

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Al fiscal Pérez y al juez Concepción se los investiga, en primer lugar, porque como cualquier ciudadano NO TIENEN CORONA ni pueden abusar de su autoridad; ergo, NO SON AUTÓCRATAS. ¿Dónde está la mafia? ¿O es mafioso todo aquel que osa criticar a Pérez, Vela y Concepción?



Es increíble cómo el cartel mediático se mueve al ritmo del That clinking, clanking sound, una marca elegante de mermelada provista por la publicidad estatal. Ayer, casi en cadena nacional de radio y televisión, la noticia fue el “vejamen” a la infalibilidad, majestad y sacralidad de los fiscales Rafael Vela, José Domingo Pérez y del juez Richard Concepción Carhuancho, a quienes un fiscal y la Oficina del Control Interno de Ministerio Público han dispuesto investigaciones preliminares por abuso de autoridad y conducta disfuncional, respectivamente.

En manada, la prensa adicta al gobierno ha salido a defender a los fiscales y al juez presentando el tema como “inaudito” en vísperas de la suscripción del acuerdo con Odebrecht. El Comercio les revienta cohetes a través de una serie de “luminarias legales” que limpian a los letrados bajo el enorme titular: “Pesquisas contra Pérez y Concepción no tienen fundamentos, según expertos” (por supuesto, no ponen la versión de los que sí creen que tienen fundamentos o la refunden para que nadie la lea). Ni qué decir del titular de La República: “Corrupción contraataca: abren investigación contra Vela, Pérez y Carhuancho”.

Y ayer, luego de más de dos semanas me desconecto de Netflix para ver nuevamente en la tele los programas políticos que dejé de ver porque ya me tenían harto los mismos invitados –Gorriti y Cateriano– que se turnaban en Canal N y RPP hablando lo mismo. ¿Y qué veo? A Gorriti, una vez más, como si esas dos semanas no hubieran transcurrido entrevistado por la activista Mávila Huertas, acusando a la “mafia” de obstruir la labor de los fiscales y cobrar venganza contra el juez para torpedear el “maravilloso” acuerdo entre el Estado peruano y la mafiosa Odebrecht, en aras de conocer “la verdad”.

¿Qué es “la verdad”? ¿A CUÁL VERDAD se refiere?

El problema con todos los “argumentos” de este cartel de operadores mediáticos, cuyos intereses crematísticos y de agenda política e ideológica son bien conocidos, es que la “mafia” a la que aluden no tiene entidad ni sustancia ni personería, pues al haber tenido éxito en sacar a Chávarry de la jefatura de la fiscalía de la Nación (la bete noire de los caviares) y al haber puesto a una señora avalada por ellos y por Pablo Sánchez (que además es el encargado de investigar a Chávarry), no hay a quién echarle la culpa ni responsabilizar concretamente de ningún “obstruccionismo” ni menos de una campaña o componenda mafiosa contra los fiscales Vela, Pérez ni el juez Concepción Carhuancho. Así las cosas, la “mafia” termina siendo lo que siempre fue: un cuento chino al servicio de un relato político totalitario.

Al fiscal Pérez y al juez Concepción se los investiga, en primer lugar, porque como cualquier ciudadano NO TIENEN CORONA ni pueden abusar de su autoridad: NO SON AUTÓCRATAS.  Uno autorizó a pedido del otro el allanamiento de las oficinas de los asesores del fiscal de la nación –contra el que no podían proceder dada la investidura de su cargo– para, indirectamente, a través de ellos –SEGÚN EL MISMO JUEZ Y FISCAL RECONOCEN EN SUS ESCRITOS– recabar documentación que incrimine al fiscal de la nación al que ellos no podían investigar. Y, para remate, fueron tan brutos que se equivocaron de oficina y Pérez se tomó la atribución de lacrar un despacho para el que no tenía autorización. Eso generó, con justa razón y derecho, la denuncia del fiscal de la nación por una serie de cargos del que sólo prosperó el abuso de autoridad.

¿Dónde está la mafia? ¿O es mafioso todo aquel que osa criticar a Pérez, Vela y Concepción? ¿Es mafiosa Zoraida Ávalos? ¿Es mafioso Rospigliosi? ¿O no será que los mafiosos son todos aquellos que salen mañana, tarde y noche en los programas de televisión como entrevistados o entrevistadores y que bajo la coartada de la “moralidad” y la “verdad” avalan un acuerdo con  Odebrecht que simplemente favorece a sus intereses políticos (destruir a sus enemigos) y económicos como la publicidad estatal en los medios de prensa?

El vocero del gobierno de Vizcarra en la prensa lo deja más claro que el agua en su columna de hoy en La República. Dice entre líneas que todos los que “atacan” a Vizcarra le hacen el juego a la mafia; suponemos, entonces, que Vizcarra es para él un prohombre santo que el Perú y sobre todo los medios de prensa necesitan (estos últimos, para seguir sobreviviendo con carretillas de publicidad estatal). Acusa a Juan Sheput, Víctor Andrés García Belaunde, Salvador Heresi, Marco Arana, Verónika Mendoza y hasta el novel calichín alcalde de La Molina, Vladimir Paz de la Barra de ser unos “picapleitos” porque discrepan o emplazan al presidente. ¿Estos también se convertirán con el tiempo en “mafiosos”?

¿Dónde quedó la democracia? ¿Dónde la libertad de disentir? ¿O todo era una farsa y vivimos en la dictadura de las ONG y el cartel mediático atiborrado de mermelada de publicidad estatal?

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