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La izquierda y las élites

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A falta de un sistema de clases, se pusieron creativos y hoy hablan del binomio "pueblo-neoliberalismo".



Los líderes de movimientos de izquierda en América Latina no alineados con Moscú ni con Pekín son personas de sectores aristocráticos venidos a menos, de clase media alta, hijos de miembros de las fuerzas armadas (Enríquez-MIR Chile, Pizarro-M19 Colombia) con educación en colegios católicos de curas “progres”, que asumen ser “desclasados”. Mientras que la izquierda “popular”, históricamente alineada con Moscú o Pekín, es tratada por estos con desdén (ejemplo: los “perros” de Patria Roja).

Nadie duda de que existe injusticia y desigualdad en América Latina, pero los remedios que prescriben no son producto de la Ilustración sino del Orden Antiguo. El comunismo es en realidad una “religión laica”, por lo que mantiene categorías, valores y símbolos que motivan el lado irracional de los seres humanos: el uso de categorías abstractas de “buenos” y “malos” (que no tienen ninguna virtud posible). A falta de un sistema de clases (binomio capitalistas-proletarios), se pusieron creativos y hoy tenemos el binomio pueblo-neoliberalismo.

El “héroe revolucionario” es el nuevo “caballero andante” que busca imponer la justicia (antes “divina” hoy “revolucionaria”, donde todo está permitido para conseguir el objetivo) buscando reconquistar Jerusalén (lugar del pacto de Dios con el Hombre que está en manos de “infieles”) o hacer el Paraíso en la Tierra (comunismo). Los caballeros andantes son la “vanguardia iluminada” que busca romper el sistema político imperante para hacerse del poder (leninismo: aprovechar todas la ventajas que te da el sistema para tomar el poder, si hay que aparentar ser democrático vale la hipocresía). Una vez conquistado, se establece un poder “monárquico” liderado por el caudillo y un nuevo sistema feudal donde cada miembro del partido tiene su “cuota de poder”. A quien quiera desafiar al caudillo se le acusa de “revisionista contrarrevolucionario” y se le elimina con toda su casta.

Pero el sistema se desmorona cuando la sucesión del caudillo no es clara (en Corea del Norte volvieron al linaje y por ello es más estable que el resto; en Cuba la sucesión es horizontal pero luego de Raúl,  ¿qué queda?) o surge el mayor de los peligros: el individuo ilustrado, consciente, que exige sus derechos y asume sus responsabilidades, que encuentra en el sistema democrático el espacio para una convivencia que le permite desarrollar todo su potencial.

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