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La historia del gran duque Cirilo y de Felipe Igualdad

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Hoy en el Perú y el mundo hay una plétora de tontos útiles de lo que se ha dado en llamar el "marxismo cultural". Unos se proclaman "liberales", otros "progresistas", los que más "humanistas", "ambientalistas", "activistas" de causas que se suelen considerar de "izquierda". Aquí ha pegado más el término "caviar".



En febrero de 1917, su Alteza Imperial el gran duque Cirilo Vladimirovich izó la bandera roja en su palacio de Petrogrado y, como comandante del Depósito Naval de los Guardias y almirante en la Armada Imperial, marchó al Palacio de Tauride a la cabeza de los Guardias Navales jurando lealtad al Gobierno provisional ruso de Kerenski (que acababa de derrocar a su primo, el zar Nicolás II).

El Gran Duque llevaba, según refieren las crónicas de la época, la camisa roja bajo la casaca militar cuando asaltó la Duma a sangre y fuego. Fue el noble de más alto rango que tomó el bando de la revolución contra el zar, pues muchísimos de ellos lo hicieron en toda Rusia esperanzados en un futuro mejor de justicia… sin saber lo que les deparaba muy pronto por ser tontos útiles del marxismo. El gran duque Cirilo y su progenie tuvieron más suerte que esos miles de nobles y aristócratas rusos convencidos sinceramente de que la revolución era lo mejor que le podía acontecer a Rusia para sacarla de la la corrupción que, según ellos, era responsabilidad del régimen zarista y en especial de Nicolás II.

Apenas vio el gran duque cuál sería la suerte de su primo, detenido y exiliado a Siberia, tomó las de Villadiego para refugiarse en Finlandia y espectar desde lejos cómo los rojos a los que apoyó en un principio como tonto útil se encarnizaron con “los de antes”. La tragedia de la nobleza rusa durante y luego de la revolución está maravillosamente narrada en El ocaso de la aristocracia rusa, de Douglas Smith, que relata la historia de dos familias de primera línea, los Sheremétev y los Golitsin y que recomiendo vivamente leer para entender cómo terminan siempre los tontos útiles de la política.

El gran duque Cirilo no fue el primer tonto útil ni será el último de la historia. Como dos gotas de agua, Cirilo y Felipe de Orleans solo se distinguen en que este último terminó –como Luis XVI– con la cabeza rodando en la misma plaza en la que la guillotina dio cuenta de la humanidad de su primo el rey.

Felipe de Orleans era después de Luis XVI el hombre más rico y poderoso de Francia. Vivía y conspiraba contra su primo desde el Palais Royal, en París. Tayllerand dice que para describir un siglo hay que buscar un personaje y ese fue Felipe de Orléans: fatuo, necio y tonto. Fue el primero en subirse al carro de la Revolución Francesa, el primero en abandonar el “Primer estado” de la nobleza por el “Tercer estado” del pueblo y, luego, en unirse a la asamblea nacional como Felipe Igualdad.  Votó la muerte de su primo con su firma registrada para la historia de la infamia: Egalité. Luego, como siempre pasa, la revolución se salió de control y la búsqueda de la justicia devino en terror. Uno a uno fueron pasando por la guillotina los moderados pero sobre todo los nobles: y el primero de ellos era él. Así que también fue guillotinado el tonto útil.

Hoy en el Perú y el mundo hay una plétora de tontos útiles de lo que se ha dado en llamar el “marxismo cultural” (fiat justitia, pereat mundus: que se haga “justicia”, aunque perezca el mundo). Unos se proclaman “liberales”, otros “progresistas”, los que más “humanistas”, “ambientalistas”, “activistas” de causas que se suelen considerar de “izquierda” (igualdad de género, matrimonio igualitario, justicia social, etc). Aquí ha pegado más el término “caviar” y las generaciones más jóvenes lo han llegado a tomar como una reivindicación política y cultural. Como señala Von Mises, “de hecho, hay muchas personas favorables al capitalismo que están de acuerdo con valores culturales izquierdistas. Sin embargo, sí parece interesante que la izquierda anticapitalista a menudo parece ver sus ideas económicas como parte integral de sus opiniones culturales”. Esto está claramente conforme con la idea del marxismo cultural.

La intolerancia hacia las ideas contrarias es el corolario que vemos todos los días en la mayoría de la prensa y las redes sociales: la lucha del bien contra el “mal” y la destrucción del mal se convierten en consigna, y así empieza la violencia política. Una vez abierta la caja de Pandora no hay vuelta atrás, y los primeros en perecer son siempre los tontos útiles como los Cirilo o los Felipe Igualdad.

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