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La gallina de Stalin y Palacio

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Vizcarra debió ir al Congreso a debatir si procede o no su vacancia. El asunto central es este, y no los cambios de reflectores tetelemecas y asociados. Con el tiempo se hará evidente que serán sombra y no historia.



Iósif Stalin mandó pedir una gallina. En cuanto se la trajeron, la tomó del cogote con una mano y con la otra empezó a desplumarla.  La gallina, desesperada por el dolor, al final quedó por completo desplumada. Stalin puso a la gallina en el piso y empezó a caminar, al tiempo que le arrojaba granos de trigo. La gallina, adolorida y sangrante a más no poder, persiguió a Stalin.

Stalin dijo: “Así de fácil se gobierna a los estúpidos. ¿Vieron cómo me persiguió la gallina? Así es la mayoría de los pueblos. Persiguen a su gobernantes y políticos, a pesar de la humillación y el dolor que aquellos les causan, a cambio de dádivas”.

Así, el pueblo no puede seguir creyendo en un mandatario que ha desplumado la moral de su ciudadanía. Y entonces pregunto:

Diga usted si alterar la agenda de Palacio es correcto.

Diga usted si concurrir con el personal para coordinar coartadas es debido.

Diga usted si presionar a testigos está dentro de la ley.

Diga usted si una persona que exhibe una línea de inconducta persistente en estos asuntos tiene coherencia moral.

En el mismo sentido, mi posición personal es que ha habido cierto apresuramiento en el pedido de vacancia antes de agotarse la vía en la Comisión. Pese a ello, la virulencia de la reacción parecería dar razones verdaderas al respecto. Al final, veo que defensores del Ejecutivo confunden la inmoralidad con la amoralidad, siendo esto último lo que toca a los locos.

La inmoralidad se refiere a aquellos que pudiendo obrar lúcidamente en acuerdo a los principios éticos escogen conducirse contraviniendo aquellos. Una de las variantes de la inmoralidad es el delito. Otra, la argucia para desviar y ocultar investigaciones.

Tanto fue el cántaro al agua que cierto abogado y un tribuno llegaron a sostener que la incapacidad moral no significa conducta inmoral (?). Esta antinomia imperfecta se desvanece cuando entendemos que, si bien la incapacidad moral no deduce conducta inmoral, la conducta inmoral sí induce incapacidad inmoral.

En conclusión, cuando el señor Vizcarra les dice a sus colaboradores “primero hay que ver lo que es y luego ver qué decimos” transmite una conducta inmoral que induciría a pensar que existe incapacidad moral para gobernar.

Vizcarra debió ir al Congreso a debatir si procede o no su vacancia. El asunto central es este, y no los cambios de reflectores tetelemecas y asociados. Con el tiempo se hará evidente que serán sombra y no historia.

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