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La democracia no es solo de la izquierda; es de todos

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A ver si hacen memoria: la democracia es un acuerdo social.



Luego de la defenestración constitucional de Dilma, ha salido una interpretación de algunos analistas de izquierda: la democracia en América Latina va en retroceso. Sostienen que cuando la izquierda gana se profundiza la democracia y cuando pierde avanza el autoritarismo.

Esa forma de entender la política es reaccionaria y antidemocrática. La forma democrática y constitucional de gobierno es un acuerdo social para generar un espacio de competencia política de todos. Incluso de quienes no están de acuerdo con ese contrato social.

Ese espacio político permite que ganen, muchas veces o pocas, alternativas de izquierda, derecha o de centro. No es posible identificar a la democracia con una de esas alternativas. Cuando se hace esa operación justamente surgen los gobiernos autoritarios. La democracia soy yo (Maduro); la democracia solo la puede defender el ejército y la derecha (Pinochet).

Necesitamos construir una democracia plural en América Latina; aún estamos en pañales. Tal cosa se revela en la poca admiración por el sistema que tienen los ciudadanos.

Es al final de un gobierno autoritario, y todos tienen un fin, cuando se reclama el pluralismo y la tolerancia de una democracia constitucional. Si Dilma fue echada del gobierno fue porque no supo construir una legitimidad en la incipiente democracia de Brasil.

A Cardoso, nadie podrá acusarlo de ser un neoconservador: inventó la teoría de la dependencia, tan usada por Allende, Chávez o Evo. El expresidente sostuvo en CNN lo vi yo mismo que al margen de los cambios en el presupuesto que hizo Dilma y que están prohibidos por su Carta Política, la presidenta destituida, a diferencia de él y de Lula, no supo concertar con el Congreso, donde carecía de mayoría.

Dilma no era más peligrosa que Lula o Cardoso para los neoconservadores. Y, sin embargo, Lula y Cardoso terminaron sus mandatos. La expresidente perdió porque no supo crear la correlación de fuerzas que aseguraran el término de su periodo. Y eso es tan evidente como que Brasil no se paralizara por su salida.

Incluso es posible que —si la sombra de la corrupción no lo impide Lula sea el futuro presidente de Brasil.  

No: el problema no es que Dilma o Maduro sean muy peligrosos para el capitalismo, sistema hoy triunfador en el mundo. El problema es que, como diría Mao, eran tigres de papel; a la hora de la verdad no saben cómo defenderse en una democracia plural.

La democracia no es de izquierda; es de todos. No importan las ideas políticas que tengamos. Estos analistas “progresistas” no han entendido que la tolerancia es esencial a la democracia.

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